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Inmigracion

Golpecitos en la ventana

A fines de marzo, miles de inmigrantes marchaban por el ‘Mall’, el amplísimo jardín que se extiende por el centro de Washington, D.C. Arengados por las organizaciones que luchan por la reforma migratoria, buscaban presionar a la Administración Obama para que acelere ese proceso, con una muy velada amenaza de que el Presidente pudiese perder el voto latino y de nuevos ciudadanos naturalizados de no ser así.

Como elemento político, la marcha fue floja e inoportuna, coincidiendo en tiempos con el fin de semana en que Obama logró una enorme victoria: la aprobación por el Congreso de la reforma al sistema de salud.

No es la primera vez, y lamentablemente tampoco será la última, en que el movimiento inmigrante escoge malos momentos, o mensajes inadecuados, para llamar la atención del público estadounidense, y de los sectores de toma de decisión.

Sigue usando el movimiento inmigrante imágenes, estrategias y mensajes ancladas en los años 60 u 80, y pierde de forma creciente la atención del mainstream estadounidense que hoy en día está preocupado por las presiones de una economía en declive, y muy poco interesado por la validez moral, ética y social de darle estatus legal a 11 millones de indocumentados.

Aún la retórica anticuada e ineficaz del movimiento inmigrante sería pasable si fuese acompañada de un cabildeo eficaz, agresivo e influyente. Pero no es así.

Mientras otros grupos ocupan espacios a base de fuerza política y tácticas agresivas al punto de la bravuconería (por ejemplo los grupos de derecha de base popular conocidos como “tea parties” que tanta influencia tuvieron en el debate sobre la reforma al sistema de salud), el movimiento inmigrante da la apariencia de ser pueril, desdentado, y desconectado de la realidad de este país.

Mientras otros grupos tumban la puerta a patadas y otros simplemente saben adaptar su mensaje y demandas a los tiempos, el movimiento inmigrante se limita a dar “golpecitos en la ventana” que nadie escucha.

La realidad política y económica de los Estados Unidos trabaja en contra del movimiento inmigrante, y éste no hace nada por darle un viraje a su estrategia.

La recesión se mantiene viva, y los índices de desempleo están fijos en torno al 10 por ciento a nivel nacional, con diversos registros a nivel estatal, y a pesar de que con la primavera ha iniciado la temporada de construcciones y obras públicas, y que con el Censo 2010 el gobierno ha contratado miles de trabajadores. La economía sigue en contracción, y la historia indica que en esas situaciones el clima es desfavorable a la inmigración – legal e indocumentada.

Con 11 millones de indocumentados, hay un exceso de trabajadores en el mercado; una masa que excede en mucho lo que el mercado está en capacidad de ocupar, especialmente en momentos en que sigue creciendo el número de los que se han mantenido sin trabajo por más de 6 meses (y que ocupan ya 44 por ciento del total de desocupados), y que sigue creciendo (llegó a 9 millones en marzo) el número de los ocupados a medio tiempo o menos.

Cuando hay tantas personas desocupadas por más de 6 meses, o que tienen que trabajar medio tiempo porque no hay otras opciones, hay una masiva corriente de opinión pública en contra de darle trabajo a quienes no tienen papeles, o de pensar en legalizarlos para que compitan en igualdad de circunstancias en el contraído mercado laboral.

Si los hechos económicos van en contra de las perspectivas de una reforma migratoria, es todavía peor el panorama político.

Obama consiguió un importante capital político al lograr la reforma al sistema de salud. Le llegó en el momento oportuno, cuando su liderazgo estaba más cuestionado que nunca en los 15 meses que lleva en la Casa Blanca, y a siete meses de cruciales elecciones legislativas.

Eso significa que Obama puede escoger cuál es el siguiente tema prioritario en su agenda, y la reforma migratoria tiene muchos competidores: recuperación económica y financiera con creación de empleos; reforma al sistema de educación; reforma al marco regulatorio de energía y medio ambiente; y hasta la guerra contra las drogas en la frontera con México tienen carácter prioritario por encima de la reforma migratoria.

Legislativamente, la ventana es cada vez más estrecha. El ineficiente y grandilocuente diputado federal puertorriqueño Luis Gutiérrez introdujo a principios del 2010 una iniciativa de ley que no era más que la vieja iniciativa de ley McCain-Kennedy, refrita, y con las mismas probabilidades que Nueva Zelanda de ganar el Mundial de futbol 2010. O menos.

Y el proyecto de ley bipartidista que Obama había encargado al demócrata Chuck Schumer y al republicano Lindsay Graham no termina de arrancar porque Graham, justificadamente, teme que el mismo sectarismo que se impuso en el debate sobre salud pública termine llevándose por delante al debate migratorio; y que las lealtades que los demócratas imponen a votantes latinos y a grupos pro inmigrantes, terminen acallando al bipartidismo que será necesario para sacar adelante una nueva reforma a las leyes de inmigración.

Por último está el pragmatismo con que se conduce Obama. El presidente seguirá usando retórica y elevadas propuestas ideológicas cuando pronuncia sus discursos, pero gobierna de forma creciente con lo que tiene a la mano.

Y lo que tiene a la mano son hechos puros y duros: el número de indocumentados sigue decreciendo, en parte por la recesión y en parte por la intensificación de políticas punitivas (redadas, expansión de la Patrulla Fronteriza); políticamente le es más rentable y urgente trabajar con México para pacificar la frontera; y la amenaza de perder el voto latino y de los nuevos ciudadanos no parece quitarle el sueño.

Obama vuelve a tener la agenda política en la mano; la economía seguirá siendo su principal dolor de cabeza conforme el calendario avanza hacia los comicios de noviembre; y los grupos pro inmigrantes se limitan a convocar bonitas marchas, y a dar golpecitos en la ventana.

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

Comentarios

Un comentario en “Golpecitos en la ventana

  1. Muy de acuerdo. La manera mas sencilla que yo veo de llevar el tema al frente de la discusion nacional es si los lideres de los grupos inmigrantes le recuerdan a los democratas el peso del voto latino en elecciones futuras, que a juzgar por las encuestas de opinion, seran muy cerradas. Ademas creo que seria necesario, en estas epocas de incertidumbre economica, hacer un calculo de lo que costarian los bienes y servicios a consumidores si todos esos bienes y servicios fueran realizados por mano de obra legal, pero mucho mas cara. En ese aspecto, el alza de precios por ese solo concepto seria inaceptable hasta para los republicanos.
    Que opinas?

    Publicado por Raul | abril 18, 2010, 6:57 PM

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