you're reading...
Boxeo, Futbol, NFL

El Vikingo, la pantera, y la pulguita pampera

 

Uno: El otoño del vikingo

Pocos jugadores de football, pocos quarterbacks han sido tan admirados como Brett Favre. Por muchos años, Favre fue el líder de los Empacadores de Green Bay. Favre, el criollo de ascendencia francesa e indígena, y nacido en Mississippi, acumuló cuantos récords fueran necesarios para ingresar al Salón de la Fama (más de 70 mil yardas pasadas, más de 500 pases de anotación, más de 10 mil intentos de pase); vivió también dramas personales muy complejos, incluyendo la muerte de su padre y el cáncer de mama de su esposa. En 2007, después de 16 temporadas, se esperaba su retiro.

Pero Favre ha transformado su vida en un circo mediático, anunciando varias veces su retiro, para luego desmentirse y confirmar su vuelta. Tal vez decidió que no era hora de inmolarse en su drakar para que las valkirias se llevaran su alma al Valhala. Así, ha emigrado de Green Bay a los Jets, y a Minnesota. Y los viejos vikingos nomás se quitan el casco y se rascan las trenzas, confundidos.

A Favre se le notan demasiado sus 41 años; en cada partido se lleva golpes salvajes que dejarían sin habla a hombres más jóvenes. Para rematar su locura, su otoño del espíritu, se ha metido en un lío de faldas – según versiones no comprobadas, Favre le mandaba textos sugestivos, e inclusive fotos de sus partes privadas, a una mujer que trabajaba para los Jets.

¿Qué le pasa a Favre? ¿Sufre del complejo de Peter Pan? ¿Ha recibido demasiados golpes en el cráneo? Cada domingo, los cronistas pronostican su derrota final. Cada domingo, uno teme verlo salir del campo en camilla, con los ojos en blanco, como si su drakar se hubiese estrellado contra la costa de Inglaterra. Y cada domingo, el viejo vikingo inventa algo nuevo: el 14 de noviembre, por ejemplo, tiró para 446 yardas (otro récord más), protagonizando una inesperada voltereta ante los Cardenales de Arizona. Pero una semana más tarde hizo el ridículo ante “sus” Empacadores y casi lloró durante la posterior conferencia de prensa, como si su drakar se hubiera quedado sin timón.

Dos: La pantera filipina

Si a usted le gusta el boxeo, no necesito explicarle quién es Manny Pacquiao. Ya sabrá que Pacquiao reside en su propio nicho, en el entrepaño más alto del mueble, ahí donde viven Muhammad Alí, Rocky Marciano, y Sugar Ray Leonard.

El apodo de “Pac-Man” no me dice nada. Pacquiao no es un personaje de videojuego, es una pantera de las selvas del sureste asiático: sigilosa, relampagueante y letal. Sus movimientos en el ring, la velocidad de sus manos, la técnica de su pegada le han convertido en el peleador perfecto.

Pacquiao, además, es un personaje. En una profesión que se come vivos a los triunfadores, Pacquiao ha sabido encontrar pausas y oportunidades. Es congresista en Filipinas además de múltiple campeón mundial, y se dice que será presidente. Se reúne con Obama y con el secretario general de la ONU. Pacquiao es un ente corporativo con un jab de muerte.

El 13 de noviembre, el mexicano Antonio Margarito tuvo la osadía de retarlo, y recibió a cambio una de las cátedras de boxeo más convincentes de la historia. La ironía del asunto es que Margarito es un rival temible. Y los expertos hablaban, con tozuda irrelevancia, de las deficiencias en el entrenamiento de Pacquiao: que si dedicaba demasiado tiempo al Congreso, que si perdió tantos días de entrenamiento por ir a ver a Obama.

Pacquiao se subió al cuadrilátero, y le puso una tunda de perro bailarín a un Margarito al que sólo la dignidad le impidió arrojar la toalla. Ya en el último asalto, Pacquiao miraba al referí como preguntándole: “¿Sigo pegándole, o vas a parar la pelea?”. Y el pobre Margarito, con un ojo cerrado y el rostro sangrante seguía hipnotizado ante los puños de la pantera.

Tres: La pulguita pampera

Confieso que tengo una cruzada personal contra Cristiano Ronaldo, el perdonavidas de baja estofa que juega para el Real Madrid. Lo digo y lo sostengo: por muy famoso que sea, el portugués no deja ser un bravucón de cantina, un padrote de burdel portuario, una escoria.

Pero en esta época de imperio de la vulgaridad en el fútbol, tenemos la fortuna de poder contemplar al mejor jugador del mundo, el argentino Lionel Messi, “La Pulga”. Messi, delantero del Barcelona, es el equivalente en el fútbol de lo que Pacquiao es en el boxeo – una sombra que se mueve a velocidad de relámpago, una saeta con puntería de otra galaxia.

Messi mueve el balón a ritmo de tango de Astor Piazzola – pespuntea los pases, y remata a contraritmo. Es jazz y barroco fusionados con aires de bandoneón en un cuerpo de petiso de cancha de tierra y lodo. Es inspiración y exuberancia táctica conjugadas en una cajita de cerillos: la zurda de Puskas, el tranco de Pelé, el cerebro de Cruyff y la imaginación de DiStéfano metidos en un paquetito pret-a-porter.

Así, el otro día, ante el Villarreal, Messi marcó un gol de museo: doble pared con Pedro, y remate sin ángulo, flotadito, sobre el guardameta. Y con Argentina, ante Brasil, pasó de 0 a 100 kilómetros por hora en un palmo de terreno, dejó a dos brasileños viendo visiones, y se la clavó al arquero rasita y colocada. Días más tarde, volvió a vestir la casaca blaugrana para hacer tres de los ocho goles del Barcelona al Almería. Todo, como prólogo para una actuacion memorable ante el Real Madrid en la que ni falta le hizo meter gol, y en la que Cristiano Ronaldo hizo el ridiculo.

Y porque el fútbol es sueño de niños, Messi sonríe cada vez que mete un gol. No reta al rival con aspavientos, no enseña los abdominales, no se toca las partes, no se mofa del público, como lo hace Cristiano Ronaldo, ese gólem hecho de estiércol de cerdo. Messi sonríe, eleva la mirada al cielo, le guiña el ojo a sus compañeros, y mira furtivamente hacia atrás, como si temiese oír la voz de su madre, llamándolo a dejar de pelotear, lavarse las manos y sentarse a cenar, que todavía tenés que hacer los deberes, pibe.

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

Comentarios

Un comentario en “El Vikingo, la pantera, y la pulguita pampera

  1. Fantástico y elocuente. Mil felicidades y un abrazo.

    Publicado por Alberto Bernal | diciembre 9, 2010, 9:44 AM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Archivos

Enter your email address to subscribe to this blog and receive notifications of new posts by email.

Únete a otros 619 seguidores

Gerry’s Tweets

diciembre 2010
L M X J V S D
« Nov   Ene »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Share This Blog

Bookmark and Share
A %d blogueros les gusta esto: