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Literatura

Los recovecos de la sospecha

Cae en mis manos, durante un reciente viaje a México, un libro cuya existencia desconocía. Irónicamente, lo comienzo a leer en momentos en que los viejos regímenes totalitarios del norte de África y de los países árabes se tambalean y caen. Regímenes como los de Hosni Mubarak en Egipto y Muammar Gadafi en Libia, ambos hijos de la Guerra Fría, se sostuvieron por décadas sobre los cimientos de mentiras construidas en Washington y Moscú. Mentiras embutidas luego en las gargantas y estómagos de la población a través de la manipulación, el engaño, o la amenaza.

De la misma manera, por décadas, funcionó el régimen soviético. El precio de la disensión, tanto en Cairo y Bengasi, como en Moscú, era la persecución, el procesamiento, la muerte política o física. El libro que me lleva a estas reflexiones es “El caso Tuláyev” (1993, Ediciones del Equilibrista), una obra maestra del escritor, poeta y articulista ruso Víctor Serge, muerto en México en 1947 (la primera edición de la obra, en francés, póstuma, data de 1948; la traducción al español es del poeta David Huerta).

Victor Serge (Bruselas 1890 - Mexico, DF 1947)

Serge, cuyo verdadero nombre era Viktor Lvovich Kibalchich, fue como muchas figuras de la intelectualidad europea de la primera mitad del siglo XX, un apasionado defensor del bolchevismo y del comunismo ruso temprano, para luego convertirse en fuertes críticos y detractores del estalinismo. Arthur Koestler, Alexander Solyenitsin, y André Gide también vienen a la memoria.

La vida de Serge es de un profundo drama, y valdría la pena escribir sobre ella en otro momento. Baste decir que los conflictos de los años 40 no le dejaron más remedio que refugiarse en México, a donde llegó poco después del asesinato de Trotsky. A fines de 1947, Serge muere en la capital mexicana de un ataque cardiaco. “El caso Tuláyev” debe esperar un año después de su muerte para aparecer en francés con Éditions du Seuil. Pero para leer esta obra en español habríamos de esperar casi 50 años.

No me parece casual que lea éste libro mientras las últimas fichas de dominó de la Guerra Fría caen por su propio peso. “El caso Tuláyev” ilustra con una brutalidad implacable los llamados Procesos de Moscú (1936-38), en los cuales José Stalin, usando como pretexto el asesinato de su cercano colaborador Sergei Kírov, desencadena una masiva campaña de persecución, represión y castigo de todos aquellos que, de forma real o supuesta, podían contradecir al régimen.

Nada, salvo la escala con que actuó Stalin y que abarcó a cientos de miles de personas, separan a las purgas moscovitas de los años 30, de la continua represión practicada por Mubarak y Gadafi contra su propia población. Stalin actuaba a nombre del supuesto ideal comunista. Mubarak y Gadafi, al del nacionalismo árabe. Tanto uno como otros, hicieron del terror y la sospecha la telaraña en cuyo centro crecían, intocables y ponzoñosos.

La imagen de la telaraña es también válida para describir el mundo de “El caso Tuláyev”. Tuláyev, quien no es otro que la versión ficticia de Sergei Kírov, es asesinado en las calles nevadas de Moscú de forma absurda, casual, casi cómica. Su muerte, sin embargo, es el detonante que El Jefe, Stalin, necesita para “limpiar la casa”.

Nadie escapa a la sospecha, nadie está exento de la purga, todos han cometido algún error, alguna indiscreción, todos han caído en alguna contradicción: en todos anida el potencial de la desviación, de la traición. Nadie más que el Jefe, es merecedor de la confianza y el espaldarazo del Jefe. Todos son carne de cañón, moscas que caen en la telaraña, nombres que son archivados y olvidados para siempre, fotografías retocadas antes de ser puestas en el álbum final.

Serge no excluye a nadie de la sospecha: aún quienes investigan el caso caminan sobre la tela de la vieja araña, sobre una tenue y quebradiza capa de hielo: la menor vacilación, el menor despiste, pueden significar complicidad, simpatía con el enemigo, perdición.

En  el Egipto de Mubarak, en la Libia de Gadafi, como en la Unión Soviética de Stalin la sospecha era el caldo insalubre que todos respiraban, pero que debía tragarse en nombre de un bien mayor y ulterior, o de una causa específica. En el caso soviético, la Segunda Guerra dio a Stalin la cobertura y justificación para que las purgas del Proceso de Moscú fueran archivadas. Horrenda, supurante, tóxica, la telaraña era necesaria para contener a esa otra aberración que fue el nazismo. En el caso de Egipto y Libia, la sopa amarga que millones debieron de comer fue el balance de las potencias en la Guerra Fría y la contención del islamismo radical. Ese mundo, invadido de sospecha como el recoveco de una casa está invadido de telarañas, se está desmoronando, hilo por hilo, tal y como un día la gigantesca araña de arcilla que Stalin construyó se desplomó entre una nube polvo.

La version en ingles del caso Tulayev fue prologada por Susan Sontag

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

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