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Mexico

El país de los mutilados

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,

pero qué injustamente arrebatada!

No sabe andar despacio, y acuchilla

cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Miguel Hernández, Elegía Primera

 

Duele México hoy como nunca: mutilado, sangrante, destrozados sus hijos e hijas, jóvenes, viejos, simplemente civiles, ciudadanos, desarraigados de la vida por la metralla del narco, y la complacencia, negligencia e irresponsabilidad de gobiernos embotados por la ignorancia, la complicidad y la soberbia.

Duele México hoy como nunca porque más de 36 mil hijos, padres, madres, nietos, nietas, abuelos, esposas, amigos, vecinos, han muerto desde que un presidente miope y cobarde declaró una guerra que no podía ganar, a sabiendas que el precio lo habría de pagar su pueblo.

Duele el país porque mientras sus hijos caen, en Washington y en México los líderes se toman la foto y firman huecas promesas con la sangre de otros, grandilocuentes promesas a ambos lados de una frontera que ya no es un río, ni una raya en la arena, sino una herida que no cicatriza, que escupe drogas y armas mientras ejércitos y policías miran para otro lado, pero que le cierra la puerta en las narices a los que quieren cruzar, en busca de paz, pan, y trabajo.

No hay palabras que puedan sanar la herida, restaurar las vidas mutiladas a Javier Sicilia y a miles y miles de mexicanos que ahogan en el dolor, en la rabia, en la impotencia, mientras sus gobernantes celebran bicentenarios de imbecilidad consuetudinaria, y se preparan para reelegirse gozosos, rubicundos, henchidos del aire caliente de sus palabras huecas y criminales.

Este blog se une hoy, en solidaridad con el poeta, periodista, escritor y filósofo Javier Sicilia, cuyo hijo fue ultimado por la guerra que destroza día a día a México, y se declara también hasta la madre de la violencia.

Aquí, la carta abierta publicada por Javier Sicilia:

Javier Sicilia: Carta abierta a políticos y criminales

El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco, de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo Escalera, se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada clase política y de la clase criminal, que ha roto sus códigos de honor.

No quiero, en esta carta, hablarles de las virtudes de mi hijo, que eran inmensas, ni de las de los otros muchachos que vi florecer a su lado, estudiando, jugando, amando, creciendo, para servir, como tantos otros muchachos, a este país que ustedes han desgarrado. Hablar de ello no serviría más que para conmover lo que ya de por sí conmueve el corazón de la ciudadanía hasta la indignación. No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, repito, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre. 

Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla, de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida; estamos hasta la madre, porque la corrupción de las instituciones judiciales genera la complicidad con el crimen y la impunidad para cometerlo; porque, en medio de esa corrupción que muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano de este país ha sido reducido a lo que el filósofo Giorgio Agamben llamó, con palabra griega, zoe: la vida no protegida, la vida de un animal, de un ser que puede ser violentado, secuestrado, vejado y asesinado impunemente; estamos hasta la madre porque sólo tienen imaginación para la violencia, para las armas, para el insulto y, con ello, un profundo desprecio por la educación, la cultura y las oportunidades de trabajo honrado y bueno, que es lo que hace a las buenas naciones; estamos hasta la madre porque esa corta imaginación está permitiendo que nuestros muchachos, nuestros hijos, no sólo sean asesinados sino, después, criminalizados, vueltos falsamente culpables para satisfacer el ánimo de esa imaginación; estamos hasta la madre porque otra parte de nuestros muchachos, a causa de la ausencia de un buen plan de gobierno, no tienen oportunidades para educarse, para encontrar un trabajo digno y, arrojados a las periferias, son posibles reclutas para el crimen organizado y la violencia; estamos hasta la madre porque a causa de todo ello la ciudadanía ha perdido confianza en sus gobernantes, en sus policías, en su Ejército, y tiene miedo y dolor; estamos hasta la madre porque lo único que les importa, además de un poder impotente que sólo sirve para administrar la desgracia, es el dinero, el fomento de la competencia, de su pinche “competitividad” y del consumo desmesurado, que son otros nombres de la violencia. 

De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido. 

 

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

Comentarios

Un comentario en “El país de los mutilados

  1. Estimado Gerardo:
    Gracias por enviar el enlace del video de la conferencia de prensa de Javier Sicilia.
    Desde Chicago nos duele eso que a diario sucede en México, las noticias de levantones y asesinatos nos llenan de ansiedad. Como cada inmigrante, tengo allá hermanos y sobrinos y primos…
    Me parece que hay periodos históricos en los que una sociedad crece o se hunde. Uno de esos momentos fue el 2006.
    Creo haber seguido de forma cotidiana las campañas presidenciales de ese año; y a pesar de las chapuzas y las metidas de pata de los tres punteros, todo parecía dirigirse a la celebración de un avance de la democracia… En fin, ya sabemos lo que ocurrió con el IFE y el TRIFE y todo eso. Pero sí debo decir que en esos días del recuento de los votos, llegué a fantasear; soñé que los intelectuales de todos los sectores iban a demandar un recuento meticuloso de cada voto, aunque tomara semanas o meses; soñé que todos los partidos pedirían que ese recuento se hiciera por televisión y frente a un comité de ciudadanos distinguidos; soñé que los mexicanos, niños y adultos, hombres y mujeres, campesinos y catedráticos, seguirían el recuento como se sigue un juego de la final de futbol en el que los árbitros y abanderados hacen un trabajo impecable; soñé que no sólo los mexicanos -sino también la ciudadanía mundial- se habrían de sentir orgullosos del proceso electoral realizado entre los ríos Bravo y el Suchiate.
    Pero no: preferimos quedarnos pequeñitos aceptando el “haiga sido como haiga sido”.
    No crecimos.
    Ahora estamos en el 2011. Van 34 mil muertos, quizá 12 mil decapitados, y mucho llanto. Frente a este espectáculo de horror y desasosiego, la historia de nuevo nos ofrece otra oportunidad. En México acaso no quede de otra que hacerle caso al poeta Sicilia y tomar las calles para demandar un cambio contundente de parte de todos los políticos y las autoridades y de la sociedad misma.
    En Estados Unidos, los inmigrantes de origen mexicano ahora no sólo tenemos la responsabilidad de demandar la legalización de los indocumentados; también tenemos la obligación de impulsar a diario un debate en torno a la solución del problema del narcotráfico. ¿Se puede emprender una guerra contra la producción y el tráfico de drogas sin llevar a cabo una campaña igual de contundente en la parte del consumo? ¿Quiénes integran los cárteles de las ciudades estadounidenses? ¿Dónde se lavan aquí los miles de millones generados?
    No. Ya no se puede permitir que en los Estados Unidos vayamos cómodamente al retrete sin importar que las heces nuestras sigan terminando al sur de la frontera.

    R

    Publicado por Raul | abril 5, 2011, 1:17 PM

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