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Futbol

Jean Marc, el olvidado

“La historia es débil con los ganadores y despiadada con los perdedores”, Michel Onfray, “Las sabidurías de la antigüedad”

Aún si usted es muy aficionado al fútbol, es poco probable que haya oído hablar del belga Jean Marc Bosman. No tenía la visión de juego de Platini, la técnica depuradísima de Cruyff, la potencia de Beckenbauer, la contundencia goleadora de Marco van Basten, o la genialidad descarada de “Zizou” Zidane. Pero ningún otro jugador ha influido y definido de tal manera la realidad del fútbol europeo moderno como Bosman.

Jean Marc Bosman en 1995

Esta historia, sin embargo, no es una historia de fútbol. Es una historia de ganadores y perdedores, de poderes fácticos, de política, de dinero. De mucho dinero. Y Jean Marc Bosman, el belga, estuvo en el ojo de la tormenta, y la tormenta se lo tragó y lo mandó a la tierra de los olvidados, mientras otros, muchísimo otros, han medrado y aprovechado la tempestad para llenarse los bolsillos.

Bosman era un jugador de medio pelo. Ni bueno, ni malo. Medianito. Fue prometedor de joven, y llegó a ser capitán de la selección juvenil belga. Pero hasta ahí llegó. En plenitud de su carrera, su nivel llegó a un tope, y el club de sus amores, el Standard de Lieja, lo vendió a su rival RFC Lieja. Bosman se deprimió, y su nivel de juego se desplomó.

Comenzaba la década de los 90, y en el Viejo Continente se hablaba del libre movimiento de personas y mercancías en la Europa unida. Pero no se aplicaba al fútbol, donde los clubes eran dueños absolutos de los contratos de sus jugadores, y hacían con sus carreras lo que se les daba la gana.

Bosman, harto de jugar con el RFC Lieja, quiso irse al final de su contrato a jugar a Francia, con el Dunkerque. No precisamente el Barcelona, o el Manchester United. Un jugador mediano, queriendo pasar de un club mediano, a otro mediano. Pero como no hubo acuerdo en la comisión de transferencia, Bosman se quedó en Lieja y su club le castigó reduciéndole drásticamente el sueldo.

A Bosman no le quedó más remedio que irse a tribunales, y mientras su caso se ventilaba, comenzó su infierno personal, en el que entre otras cosas jugó para un equipo de las divisiones inferiores francesas ubicado en la isla índica de Reunión, y tuvo que aceptar jugar para el Charleroi belga por un sueldo de albañil. Ya los poderes futbolísticos le señalaban como un “riesgo”, un “problema”, un rebelde sin causa obstinado en matar a la gallina de los huevos de oro.

La ironía es que Bosman sólo quería largarse de su natal Lieja. La otra ironía es que a la gallina no la mataron, sólo la cambiaron de gallinero.

En 1995 la Corte Europea de Justicia resolvió el caso a favor de Bosman, creando jurisprudencia para que cualquier jugador en Europa, al término de su contrato, se declarase agente libre sin tener que pagar comisión de transferencia, y para que pudiesen moverse sin restricciones de un club a otro sin importar en qué país europeo estuviesen.

La llamada “ley Bosman” revolucionó al fútbol europeo, creando un mercado de piernas hiperinflado en precios, y transformando dramáticamente el aspecto del balompié continental, de tal manera que hoy en día clubes como el Real Madrid pueden jugar sin casi tener jugadores españoles, o el Chelsea sin ingleses y, lo que es más importante, que los clubes grandes puedan “blindar” a sus superestrellas con contratos astronómicos para que no se vayan de agentes libres. Así, un jugador como Wayne Rooney, recién renovó con el Manchester United, pese a no estar en su mejor momento de forma, con un contrato que le habilita a ganar 220 mil libras esterlinas (medio millón de dólares)… ¡a la semana!

Bosman se plantó frente al sistema, y el sistema le ha hecho pagar muy cara su osadía. El poco dinero que tenía se perdió en pagarles a sus abogados. La compensación que le adjudicó la Corte se diluyó entre impuestos y malas inversiones. Comenzó a beber. Entró en depresión. Perdió su casa.

Hoy en día, Bosman es un hombre deprimido, agotado, que lucha contra un alcoholismo que lo tiene al borde de la cirrosis y que vive de la beneficencia estatal en la natal Lieja donde comenzó su odisea. Pero no parecer haber Penélope ni Ítaca al final del camino. Mientras Rooney, Cristiano Ronaldo, Ibrahimovic, Tévez y otros estelares hinchan día a día sus cuentas bancarias gracias a la Ley Bosman, Bosman sobrevive con un poco más de mil 300 dólares al mes y vive en el garaje de su familia. Aterradora evidencia de que en la Europa sin fronteras, en la Europa de los templos democráticos, el pecado de retar a los poderes económicos conlleva castigos desmesurados e interminables.

Bosman ante la Corte Europea de Justicia

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

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