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Estados Unidos, Politica

El pesimismo ‘bien peinao’

No quisiera comenzar esta reflexión con un tono pesimista, pero no me queda más remedio que hacerlo. Será que la primavera se tarda horrores en Chicago, y a fines de abril aún nos acompaña un cielo plomizo, lluvias frías, y temperaturas que no levantan de los 60 grados Fahrenheit.

 O será también que la economía y la política no me dan oportunidad de mirar hacia el panorama futuro con sonrisas y bonhomía, y saltar por los campos del futuro electoral cual venadillo por la pradera.

Viajo del punto A del pesimismo al punto B, para terminar en un punto C de coloratura más bien parda y pelaje espeso.

Mi punto A es económico. Un reciente sondeo del diario New York Times y de la cadena televisiva CBS indica que los estadounidenses son más pesimistas sobre el perfil económico y la dirección en que avanza la nación, desde que el presidente Barack Obama tomó posesión de la presidencia en 2009.

Para leer más sobre el sondeo, apriete aquí. El punto que me parece sobrecogedor es que, justo cuando comienza el periodo presidencial de Obama, el país está sumido en una recesión profundísima, los índice de desempleo se han disparado y el sistema financiero se encontraba completamente desinflado.

Dos años y pico más tarde, el nivel de desempleo ha disminuido notablemente, la economía parece recuperarse, las bolsas repuntan. ¿Por qué el desánimo?

Antes de entrar en teorías, recordemos que en noviembre del 2012, que ya no queda tan lejos, se verificarán elecciones generales en Estados Unidos, y si Obama no consigue modificar el estado de ánimo – subrayo, el estado de ánimo, no tanto los indicadores reales – sus probabilidades de reelección serán bajas.

Varios factores contribuyen al desánimo, y el sondeo del NYT/CBS los enlista. A mí me parece más significativo el creciente desencanto, incluso entre los sectores de centro y de centro-izquierda en Estados Unidos, con el aparato gubernamental, independientemente de que un político de centro-izquierda sea quien se encuentra el frente del mismo.

La percepción se traduce en un teorema muy sencillo. Ilusorio, sofístico, mañoso, si usted quiere, pero sencillo: el gobierno es incapaz de controlar el déficit, pagar la deuda, o garantizar la viabilidad del sistema de seguridad social; es incapaz de ganar guerras contra rivales patéticos y estrambóticos; pero sí es capaz de meter las narices en los asuntos de la gente con cosas como un sistema de salud nacional, o los excesivos cateos en los aeropuertos.

No en balde Obama usó mensajes de campaña en 2008 que atacaban al “sistema”. El sistema entonces era George W. Bush. Ahora Obama vive la ironía de ser, él mismo, el “sistema”.

Ante la idea del sistema como ogro, todo mal es atribuible a él: la creciente y profunda división del país entre liberales y conservadores ya no es atribuible a cuestiones ideológicas, sino a la incapacidad del sistema para resolver problemas.

El sistema, dicen sus opositores, ha creado tres monstruos: Medicare, Medicaid, y la Seguridad Social, que son responsables del déficit, y existen para mantener contentos a los viejos, que son precisamente el bloque político más asiduo a la hora de votar. La culpa no es de las políticas que han generado déficits y deudas incontenibles, sino del sistema y su pacto diabólico con los viejos.

Las diatribas contra el sistema han alimentado y hecho florecer al extraño animal político que conocemos como Tea Party, un nombre vago y gelatinoso que agrupa a todo individuo harto del sistema, aunque no necesariamente entienda las causas de su hartazgo.

Pero el desarrollo de una ideología anti-sistema no es patrimonio ni propiedad exclusiva de la derecha: es una constante mucho más amplia, más compleja, cuyos orígenes se remontan a la Guerra Fría, y a una toma de conciencia, si bien básica, del ciudadano de que su país le oculta cosas, manipula la verdad, tergiversa las noticias, muestra una fracción de lo que sabe.

Esta ideología “revienta” durante los años sesenta y la Guerra de Vietnam, pero ni se acaba con ese conflicto, ni se queda limitad a los círculos de izquierda. Bien pronto, alentada por los medios de comunicación masivos, se vuelve una constante: Rambo es un incomprendido que lucha contra un sistema ingrato y una policía municipal abusiva; Mulder y Scully trabajan dentro del sistema del FBI para denunciar las propias conspiraciones del FBI orientadas a ocultar “la verdad” sobre los OVNIS; los soldados de “Hurt Locker” son patriotas que cumplen su misión frente a un comando militar mediatizado e indiferente, en un país hostil y depravado pero estratégico para “el sistema”.

El punto B de mi viaje al pesimismo es que el surgimiento de un activismo febril y estridente, que ha sustituido el planteamiento de posturas por el manotazo en la mesa ha generado pesadillas realizables, como Sarah Palin, o Donald Trump.

Palin se ha quedado un poco en segundo plano en meses recientes, tal vez desde su pésimo manejo mediático del tiroteo en Arizona. Pero eso no quiere decir que vaya a volver.

De momento su lugar ha sido ocupado por el estrambótico y bombástico Trump. Trump tiene, para los ideólogos que mueven los hilos detrás de la dialéctica anti-sistema, ventajas que Palin no tiene: es hombre (en un país que sigue siendo profundamente machista en su política), tiene mucho dinero (Palin no tiene medios independientes para sostener una carrera de largo tranco), y tiene palestras mediáticas naturales en las que los medios acuden a él, al contrario que Palin que aún debe buscar a los medios.

Soy consciente de que falta mucho tiempo para que el Partido Republicano escoja un candidato. Soy consciente de que el propio Partido Republicano sigue teniéndole miedo al Tea Party y que, si bien le concederá espacios crecientes, es poco probable que las élites conservadoras permitan que les usurpen la decisión de quién los va a abanderar en 2012.

Y soy consciente de que Trump puede ser como Ross H. Perot, es decir, otro imbécil útil que le facilite las cosas a los Demócratas al partir en dos al electorado republicano, si es que Trump decidiese irse por su cuenta con una nominación independiente frente a un Mitt Romney o un Mike Huckabee.

Soy consciente inclusive que Trump, al momento de escribir estas líneas, ni siquiera ha anunciado formalmente su candidatura. Se ha limitado, en todo caso, a ser un agente de vanguardia de los anti-sistema, a volver a meter en la agenda política el tema de si Obama nació en Estados Unidos, a verter vitriolo, bilis y toxinas en el diálogo nacional.

Pero, en mi arribo final al punto C del optimismo, tengo que partir de otra encuesta, que usted puede consultar acá, que indica que un sondeo entre republicanos, Trump le empata a Huckabee en preferencia como posible candidato presidencial, y le saca bastantes puntos a Romney.

Llegado al punto C del pesimismo, me detengo. Tal vez me aterra la idea de un presidente Trump que convierta al país en un “reality game show”, que convierta la deuda nacional en bonos chatarra con los cuales financiar rascacielos en cada pueblo, que cada seis meses cambie de esposa aunque todas sean clones de la misma rubia insustancial de tetas silicónicas.

Mi único consuelo es que, como calvo progresivo, admiraré su perfecto, inamovible, rubio peinado pompadour, esa mata acartonada de folículos impasibles que lo harán histórico, como sus indomables cabelleras hicieron históricos a Kennedy, Reagan y Clinton. ¿Estará condenado Obama a la no reelección, o deberá abandonar toda mesura y hacerse crecer un afro?

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

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