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Elecciones, Estados Unidos, Literatura, Politica

Lincoln, Bloom y la regresión religiosa de EE.UU.

Lincoln, palabra viva

El libro, un pequeño volumen rojo, con el lomo deshaciéndose por la edad, me esperaba en un anaquel de mi librería de viejo favorita en Springfield (Illinois). Titulado “Discursos y cartas de Abraham Lincoln: 1832-1865”, recoge varios de los discursos y misivas del ex presidente, y fue publicado en 1909 con motivo del primer centenario de su nacimiento, por la excelente (y me temo que ya desaparecida) colección Everyman’s Library.

Lincoln, como muchos estadounidenses del siglo XIX, estaba más preocupado por el futuro de su país que por su pasado. Su discurso más famoso, el de Gettysburg, es una reflexión sobre la esperanza de que la Guerra Civil no hubiese sido en vano, puesto que lo que estaba en juego era la construcción de una nación democrática.

En uno de los discursos recopilados en el librito Lincoln escribió, hacia 1832, que era fundamental para la nación que cada individuo “recibiese al menos una educación moderada, y pueda por ende leer las historias de su país y de otros países, para que pueda apreciar el valor de nuestras instituciones”.

Valdría la pena que el presidente Barack Obama – quien lanzó su candidatura presidencial a muy pocos pasos de donde encontré el librito, y que frecuentemente se refería a Lincoln – releyese a su antecesor, y entendiese en otro nivel los graves riesgos que afronta Estados Unidos.

Pero Obama se ha olvidado de Lincoln. Enredado en una crisis económica recurrente, obsesionado con la reelección en 2012, Obama juega al pragmatismo puro y reparte migajas envueltas en celofán a los grupos que ya empezaban a darle la espalda, pero cuyo voto necesita para continuar en la Casa Blanca (latinos, homosexuales, ecologistas, liberales de izquierda, jóvenes, etc.). No sería raro que Obama recurra al miedo (miedo a la alternativa republicana) para ganar votos.

En el 2012, los votantes elegirán entre un presidente que ha roto muchas promesas, incumplido muchas otras, y que ha sido incapaz de salir de una recesión cuando ya se mete en otra; y un todavía indeterminado candidato republicano, cuya identidad es desconocida pero cuyo ideario es claro: una regresión sin precedentes hacia una extrema derecha religiosa, beligerante y de alta intolerancia.

Los precandidatos que encabezan las encuestas republicanas, Rick Perry y Michelle Bachmann, son dos sabores del mismo helado: una visión estrecha y extrema desde el más feroz y estúpido cristianismo, y una aparente bonhomía que disfrazan talantes implacables, rencorosos y crueles.

Perry y Bachman: el mismo helado de fresa

Bachmann, por ejemplo, considera que la teoría de la evolución “nunca ha sido demostrada” y defiende el postulado de que toda institución secular debe estar forzosamente en manos cristianas. Basta leer el aterrador perfil que de ella hizo, con singular sarcasmo, la revista The New Yorker, para darse una idea de lo que puede esperar Estados Unidos si Bachmann gana las elecciones.

Pero Perry no es mejor candidato. Perry está tan a la derecha del Partido Republicano o más que su rival. Entre otras maravillas, Perry declaró tres días de oración estatal en Texas, este mismo año, para combatir la sequía, y llamó a la nación a orar para resolver la crisis económica.

Cuando dije antes que Perry y Bachmann eran dos sabores del mismo helado, me refería a la regresión y radicalización de la derecha. Esa polarización no es nueva, sino resultado de la progresiva separación del país en dos mitades ideológicas, un proceso iniciado por Ronald Reagan (irónicamente, otro hijo de Illinois como Lincoln y Obama), quien transformó las cuestiones políticas y económicas en valores morales e ideológicos.

La presidencia de Bill Clinton dio a la derecha el pretexto para profundizar la brecha ideológica de la nación. Tras los ocho años de mandato de George W. Bush, esa brecha es tan honda que no hay manera de taparla, salvo que la crisis económica llegue a sacudir el carácter mismo de Estados Unidos como nación, como ocurrió en la Depresión.

El famoso Tea Party es otra manifestación de ese encono ideológico. Pero es la manifestación más peligrosa, porque no es política en sí misma, sino popular y civil. Es el pueblo llano que manda al demonio su historia, su conciencia y su futuro en nombre de una simplificación de las cosas donde no hay más que dos realidades: bueno o malo; cristiano o enemigo; americano o despreciable; una simplificación en la que todo libro, todo ejercicio de reflexión, toda educación, son sospechosos de infiltración comunista, atea y anti-americana.

Vuelvo a Lincoln. En otro discurso, de 1837, advertía contra la pasión que, en el pasado, “nos ha ayudado, pero… en el futuro será nuestra enemiga. La razón, fría, calculadora, desapasionada, debe darnos los materiales que necesitamos para nuestro sostenimiento y defensa”. Lincoln se obsesionaba por el futuro, un futuro en el que esperaba triunfase la razón. El Tea Party olvida el pasado y cree que el futuro es suyo, en nombre de una religión que quiere defender con pasión e intolerancia, porque la razón es despreciable.

Concluyo con Harold Bloom, posiblemente el intelectual estadounidense más completo de esta era, quien reflexionando sobre el Tea Party en declaraciones recientes para Harper’s, dijo esto: “Vivimos… en la era del Tea Party, un movimiento que adora la estupidez y el fanatismo y odia el pensamiento, la lectura, y la enseñanza. Si esta gente se sale con la suya, veremos el final de la educación. Esto nos muestra la debilidad mental que ha descendido sobre el país, la proclividad por la tontería y el odio político, la falta de respeto por la literatura, la historia y el pensamiento serio. Solo hay un remedio a este predicamento, y es alentar a la gente a que piense independientemente. Y eso, a su vez, comienza con la lectura. La gente necesita leer para recordar lo mejor que ha sido dicho y pensado en el pasado. Ese es el punto de partida, y ese el camino, para salir de esta desastrosa situación”.

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

Comentarios

2 comentarios en “Lincoln, Bloom y la regresión religiosa de EE.UU.

  1. Estoy en Nueva York y aprecio con tristeza que el dilema estadounidense -que con claridad refietrs- ni siquiera es alcanzado a apreciar por los mexicanos. Y aventuro a considerar que es porque nuestro deportivo espíritu grillesco, alentado por nuestros simplificados medios, nos enfoca en la disputa del Obama contra los republicanos, asi nada más.

    Publicado por JHV | agosto 20, 2011, 8:04 PM

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