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Estados Unidos, Inmigracion, Politica

¿Tomar las calles o dictar la agenda?: Llamado al movimiento inmigrante

En Nueva York, Chicago, Boston, o San Francisco, como en Londres, Madrid o París, miles salen a la calle a protestar, hasta ahora pacíficamente, por los devastadores efectos de la crisis financiera global que estalló en 2008.

 

Revolucion silenciosa?

 

Conocido en Estados Unidos por el nombre de Occupy Wall Street, el movimiento afirma no tener ideología, conductores, líderes u otra agenda política más allá de ganar la calle para restaurar la democracia en este país.

Los cínicos, pesimistas, o amantes de las teorías conspirativas (yo sufro de las dos últimas condiciones) ven este movimiento una doble pinza política: señalar a la derecha como responsable de la crisis, y confrontar al gobierno supuestamente de centro-izquierda de Barack Obama a encontrar soluciones, léase empleos e inversión pública, a la crisis.

Teorías aún más complejas y conspiratorias apuntarían al uso de las protestas callejeras, como justificante de una fórmula del Partido Demócrata más agresiva para las elecciones presidenciales del 2012, léase: Hillary Clinton como compañera de fórmula de Obama en lugar de Joe Biden… o inclusive en lugar de Obama.

De momento sólo podemos leer lo evidente: las calles están tomadas por ciudadanos de a pie, hartos de la crisis económica, de la destrucción del empleo, de la pérdida de millones de hogares; y furiosos ante la indiferencia de Wall Street y de Washington –los primeros enfocados en la mayor rapiña financiera de la historia (la cual además es legal gracias a las desregulaciones que comenzaron en los 80’s); y los segundos concentrados en una batalla ideológica sin vencedor ni vencido.

Uno de los mejores análisis que he leído hasta ahora es el de Michael Hiltzik en el diario Los Angeles Times. Hiltzik plantea que el movimiento tiene una reivindicación política clarísima: la injusticia de la tremenda desproporción en riqueza e ingresos que ha puesto contra las cuerdas a la economía estadounidense, y la impunidad con que los bancos y casas financieras siguen operando desde 2008.

Hiltzik apunta hacia otro elemento muy interesante: ante el éxito mediático de las protestas, los sindicatos y otros grupos políticos ya le hacen guiños a Occupy Wall Street y eso, tarde o temprano, llevará a una lucha interna en el movimiento, una lucha por el control ideológico, y por el establecimiento de una agenda política que no será necesariamente la que le ha animado hasta ahora.

Todo lo cual me lleva a pensar: ¿y si esta toma espontánea de las calles fuese una rendija por donde pudiese entrar el movimiento pro reforma migratoria, para recuperar oxígeno, para refrescarse, para relanzarse?

El salto ideológico sería fuerte, pero no excesivo. Occupy Wall Street busca un restablecimiento de los valores democráticos de este país, perdidos en nombre de la rapiña financiera. ¿Es tan lejana de ello la reivindicación de una reforma migratoria que regularice a millones que viven en la sombra, y que les permita acceder a una economía, sociedad, y sistema político que se les hacen cada vez más ajenos debido a nuevas y ultrarestrictivas leyes estatales? ¿No estamos hablando de derechos civiles básicos? Y si acaso grupos políticos y sindicatos quieren pelear por el control del movimiento, ¿no le convendría al movimiento inmigrante entrar desde temprano en esa pelea?

El ultraconservador Tea Party supo colarse en la escena política, encontrando las rendijas que dejaron abiertas tanto republicanos como demócratas. Desde esas rendijas, hoy por hoy ese grupo se disputa la agenda conservadora en el Congreso. ¿Puede el movimiento inmigrante darse el lujo de no aprovechar las que tenga enfrente, aferrado a la promesa hueca de reforma hecha por un Obama que ya busca sus votos en otra parte? Corresponde a los líderes del movimiento, en Chicago y otras plazas, pensar cuidadosamente en sus próximos pasos.

En el 2006, el movimiento inmigrante tomó las calles en muchas de esas mismas ciudades. Las calles hoy están pletóricas de quienes reclaman un nuevo rumbo. ¿No es este el momento para que el liderazgo del movimiento inmigrante retome la iniciativa?

 

Hora de volver a tomar las calles?

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

Comentarios

Un comentario en “¿Tomar las calles o dictar la agenda?: Llamado al movimiento inmigrante

  1. Estimado Gerardo:
    Leo una nota sobre el supuesto complot preparado por el gobierno iraní y un cártel de drogas mexicano. Se dice que el objetivo era asesinar al embajador saudí en Washington. Esto sucede el mismo día que el procurador general Eric Holder y la Administración Obama reciben fuertes críticas por haber participado en la operación Fast and Furious; el fin de dicho operativo consistía en introducir armas a México para detectar la ubicación de los cárteles; como sabemos, estas armas terminaron en manos del Chapo y su poderoso cártel de Sinaloa.
    ¿Qué motivos tuvo el gobierno estadounidense para introducir ilegalmente armas en un país que ya se cae en pedazos por sus altos niveles de violencia?
    La reacción de Holder y de la Administración Obama me lleva a pensar que los políticos en su mayoría no rebasan la mentalidad de un muchachito de doce años. En vez de aceptar su responsabilidad, optan por armar un circo para distraer la atención de la gente o culpar a otros de sus errores.
    Por desgracia, esa mentalidad es la que predomina entre las clases políticas de casi cualquier país.
    Lo que en nuestros días ennoblece el quehacer político es el trabajo de muchos activistas.
    Me refiero al activista que lucha por los derechos de un grupo social de un modo efectivo y constante. El activista es el grupo y el grupo se mira en él o ella. No hay separación.
    Pero en el momento en que hace trabajo político porque quiere ser diputado o porque quiere conseguir un puesto público, el activista corre el riesgo de emular a la clase política de mentalidad pueril.
    Gerardo, no tengo duda de que hace falta que los inmigrantes y sus familias tomen de nuevo las calles y busquen un tipo de alianza con los ocupantes de Wall Street. Estos tiempos difíciles demandan de la comunidad latina una acción eficaz y constante. Ojalá que los líderes y los activistas antepongan la lucha por la legalización de los doce millones de indocumentados por encima de cualquier protagonismo y por encima de cualquier provecho personal. Que el activista se vea como instrumento de un grupo que aspira a vivir de una manera digna.

    Publicado por Raúl | octubre 13, 2011, 4:11 PM

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