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Estados Unidos

El caso Sandusky: mediatización del abuso sexual infantil

Sobre-expuesto de cara a la opinión pública, bombardeado a través de los medios a mañana, tarde y noche, el llamado Caso Sandusky nos remite a dos aspectos alarmantes sobre la impartición de justicia en la moderna cultura estadounidense: el papel sobredimensionado de toda persona relacionada con el mundo del deporte, y la mediatización que lleva a enfocar la atención más sobre el presunto victimario, que sobre sus víctimas.

Para quien no conozca al Caso Sandusky, se remite a esto: Jerry Sandusky fue, por muchos años, el coordinador defensivo del equipo de football americano de la Universidad Estatal de Pennsylvania, la mítica Penn State. En tal capacidad, trabajó todo ese tiempo para otro mito, Joe Paterno, el entrenador con más victorias en la historia del football americano universitario.

Jugar para Penn State era – hasta ahora sigue siendo – un símbolo de distinción. Representa haber llegado a una élite deportiva.

Paterno era intocable en Penn State, y su staff también lo era. La leyenda se hubiese mantenido impoluta, tal vez para siempre, de no ser porque en las últimas semanas han surgido a la luz pública varias y graves acusaciones en contra de Sandusky, a quien presuntas víctimas y testigos acusan de haber cometido abusos sexuales contra menores de edad a lo largo de muchos años.

En su labor dentro del equipo de Penn State, Sandusky también actuaba como entrenador voluntario de equipos infantiles y fue ahí donde, de forma repetida e impune, manoseó, abusó y violó a incontables niños, algunos hasta de 10 años de edad, según las acusaciones.

El 5 de noviembre, Sandusky fue arrestado y se instruyó a un gran jurado para proseguir la causa en su contra. Las acusaciones se remiten a por lo menos 1994.

Sandusky: arrestado

El caso Sandusky ha sacudido al país. Cierto: las acusaciones son terribles, así como el número de posibles víctimas. Y cierto, Sandusky es una especie de figura nacional, la mano derecha del legendario Paterno, quien recientemente anunció su jubilación.

Hay que aclarar también, al menos así lo señala el New York Times, que al parecer hay una conspiración de por medio. Un asistente de Sandusky fue testigo accidental de una violación. Acudió a las autoridades y nadie hizo nada. El propio Paterno se enteró de otro caso, confrontó a Sandusky, y alertó a sus jefes dentro de la jerarquía universitaria. Y nadie hizo nada, de nuevo.

Remitámonos a los últimos años de la década de los 1990 y primeros del siglo XXI, cuando estalla en Estados Unidos el escándalo de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes de la Iglesia Católica. La cobertura periodística se centró, sobre todo, en el gravísimo daño causado a las víctimas, y en los intentos de la cúpula eclesial, tanto en Estados Unidos como desde el Vaticano, por tapar el asunto con dinero o presión mediática.

En ese caso, el enfoque mediático me pareció en general correcto. La historia eran las víctimas, y el ángulo adicional era la conspiración ideada para controlar daños.

En el caso Sandusky, el enfoque mediático me preocupa. Tal vez parte de ello se deba a que Estados Unidos, al no ser una nación católica, no tiene intereses mediáticos o culturales específicos en defender a los sacerdotes y obispos.

Pero en la cultura de este país, el deporte es dios, y en muchos casos los entrenadores son elevados a papeles casi sacerdotales. En cada pueblo y ciudad de Estados Unidos, las familias ponen a sus hijos en manos de un incontable número de entrenadores, cuya labor muchas veces excede a la puramente deportiva. El entrenador suele volverse un padre sustituto o alterno, un tutor, un guía. Más que los profesores, el entrenador moldea y guía las mentes juveniles.

De esa compleja condición se agarran tanto los medios en su labor informativa, como el abogado defensor de Sandusky en su trabajo legal. La cobertura excesiva del caso Sandusky está centrada en Sandusky mismo. Sus víctimas han pasado a un muy lejano segundo plano. Se habla de Sandusky, de Paterno, de la universidad, de los supuestos testigos (que ya son retratados con la peyorativa figura de ‘soplones’). Y no se habla de los niños que, según las acusaciones, fueron victimados.

Sandusky mismo tomó una iniciativa personal, y se dejó entrevistar, en vivo, por Bob Costas – el santón del periodismo deportivo estadounidense. De forma constante, el tono de Costas, su mirada de lechuza extraviada, sus preguntas, traicionaban un tono: “¿Será verdad, coach? ¿Será posible? Usted no hizo eso, ¿o sí lo hizo? ¿En serio?”. Sandusky no desaprovechó la oportunidad, llegando a decir cosas como que, en efecto, después de los partidos o los entrenamientos se metía a las regaderas con los chamacos, pero era nada más para vacilar, para jugar. Tal vez hubo alguno que otro contacto cuestionable, pero era producto del cotorreo.

Costas: consternado

Sandusky respondía a la estrategia de su abogado: su entrevista persigue confundir a la opinión pública, y por ende contaminar a cualquier posible jurado; y a jalar del hilo de la figura intocable del coach: el coach es intocable, es bueno, quizás hizo algo cuestionable, pero sus intenciones no eran malas. Al fin y al cabo, es el coach.

El caso de Sandusky no es el primero de un entrenador acusado y procesado por abusos sexuales. Pero es el primero que alcanza esa dimensión, de ahí que esos paradigmas culturales entren en juego. Los medios y la defensa de Sandusky están tironeando de ese paradigma para proteger a un hombre que, de ser ciertas las acusaciones, merece ir a la cárcel por el resto de sus días. Y mientras sus víctimas siguen siendo victimadas por este tratamiento parcial e insolente.

Para la entrevista con Costas, seguir este link:

 

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

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