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Literatura

Los paraísos perdidos de Daniel Espartaco

Milton escribió su Paraíso perdido a mediados del siglo XVII para reflexionar sobre el tema del mal como condición original del ser humano y para tratar de entender lo que el poeta consideraba como el propósito de Dios con respecto a la tierra.

Daniel Espartaco Sánchez (Chihuahua, México, 1977) ha descrito una serie de seis paraísos perdidos, cada uno independiente del otro, pero entrelazados por una nostalgia común: la del socialismo como sistema, Estado, ideología, quimera o esperanza.

Estos seis paraísos perdidos integran el volumen Cosmonauta (Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2011), segundo libro de relatos de Espartaco quien ya había publicado en 2006 El error del milenio, y que ha recibido una muy buena crítica de la prensa cultural mexicana.

Cosmonauta no es un título elegido al azar. No sólo es el del primer y melancólico relato, sino que uno podría decir que el lector se asoma al volumen con la perspectiva del cosmonauta que mira la Tierra desde su estación espacial.

Cosmonauta, que no astronauta. Esto hay que subrayarlo. Por ello también, uno de los cuentos lleva por título “Estación espacial Mir”. Mir, que en ruso significa Paz. El proyecto Mir fue una de las joyas de la Unión Soviética en su carrera contra los Estados Unidos por conquistar el espacio. La desaparición de la URSS llevó finalmente al declive y fin de la Mir, que fue abandonada y luego destruida al comenzar el siglo XXI.

Los personajes de los seis cuentos de Espartaco miran también, desde el siglo XXI, hacia un mundo que transcurre por distintos cauces, algunos menos normales que otros, pero cuyos puntos de partida tienen que ver directa o indirectamente con ese gran sueño, esa gran entelequia espacial que fue el socialismo del siglo XX; sueño abandonado y destruido como la Mir, sueño retransformado en una versión menor como la URSS reconvertida en Rusia.

No en vano algo tan emblemático como el himno “La Internacional” reaparece en dos cuentos como un eco lejano y distorsionado, ya sea como el indeseable intruso de un funeral en “El hierro se derrite lentamente”, o como trasfondo de una borrachera en la que el invitado de honor se esconde de sus huéspedes en “La ciudad blanca”, el mejor y más descarnado, iconoclasta y amargo de los seis relatos.

Aún en el “menos socialista” de los seis relatos, el divertidísimo “América”, el sarcasmo y la buena pluma de Espartaco nos ofrecen otra perspectiva sobre el tema central: allí, un ex militante comunista, inmerso en las contradicciones de su edad madura, se enorgullece calladamente de poder estrenar su nuevo Volkswagen para cruzar la frontera y llevar a sus hijos a un shopping mall en El Paso, Texas. El viaje a El Paso es irónico para ese hombre, pero también iniciático para su hijo pre-adolescente, una especie de bar mitzvah donde en vez de versos de la Torah hay dólares de varias denominaciones.

En “África” y “Estación espacial Mir” coinciden también las iniciaciones – y los protagonistas llamados Ilich. En el primero, esa iniciación es un parteaguas entre las ficciones que los padres suelen contar a sus hijos y la inevitable realidad, mientras que en el segundo, la iniciación es más íntima, más carnal, y no ajena del reclamo adolescente de una total libertad.

Ambos cuentos constituyen un excelente prólogo para “La ciudad blanca” donde un político y ex comunista ferviente escribe, o trata de escribir sus memorias, y descubre con horror el abismo al que su propia decepción política le ha arrojado. “No existe la salvación… lo más cercano es la muerte”, dice al protagonista, bautizado simplemente como Eme, un anónimo escritor yugoslavo que habla español con acento venezolano. “Respecto al paraíso (agrega) el problema está en que siempre queremos ubicarlo en el futuro o en un lugar determinado: el socialismo, por ejemplo. El paraíso es el estadio anterior a la conciencia. El mismo término ‘paraíso perdido’ es simplemente un intento de nombrar algo imposible, anterior al lenguaje”. Esa amarga reflexión lleva a Eme a entender que el paraíso perdido era en realidad su propio pasado – el suyo y el de sus seres queridos – y éste era ya irrecuperable. Como la estación Mir, como el sueño rojo.

Daniel Espartaco Sanchez: segundo libro de relatos

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

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