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Politica

El calvario de Gunter Grass

Muchos han salido a la caza del escritor alemán Gunter Grass tras el polémico poema que escribió y publicó, deplorando no solo la agresiva política del actual gobierno de Israel hacia Irán, sino la actitud de su propio país, Alemania, al venderle a Tel Aviv un submarino.

A Grass se le vino encima una tormenta tras la difusión del poema titulado Lo que hay que decir”. No sólo se le ha acusado de antisemitismo, sino que el propio gobierno israelí lo ha declarado “persona non grata”.

Grass asumió un triple riesgo: criticar al gobierno israelí, hacerlo en momentos de alta tensión en el Medio Oriente, y hacer esa crítica como alemán.

Comencemos con el poema. No es, como muchos han dicho, un gran poema en términos de estilo, estructura o lenguaje. Seguramente, cuando pase el tiempo, y ya nadie se acuerde de Grass, de usted o de mi, y se haga una antología de poesía alemana del siglo XXI, no van a incluir “Was gesagt werden muss” que es como se llama en alemán (gracias, por cierto, al poeta argentino Gastón Malgieri que me mandó la traducción al español).

Un poema nos sacude, nos cuestiona, nos emociona, a veces por lo que dice, y a veces por cómo lo dice. La forma y el fondo poéticos no siempre están en consonancia. Si el poema nos cuestiona, nos atrapa, nos hace hablar de él, ha cumplido una misión muy importante aún si su estructura no cuenta con todos los elementos estéticos con que solemos identificar a la buena poesía.

Nada más que esta discusión no es sobre poesía. Grass pudo haber dicho exactamente lo mismo en un ensayo o un artículo periodístico y su impacto hubiera sido casi el mismo. Escogió la vía poética, pero las críticas más fuertes que ha recibido son políticas. Detengámonos por tanto en ellas.

No ven el poema de Grass un solo elemento que justifique la acusación de antisemitismo que se ha arrojado furiosamente contra él. Lo que sí veo es una conciencia desesperada por el belicismo de Israel e Irán, y por la hipocresía del gobierno alemán que le vende un submarino de guerra a Tel Aviv. Es por ello que Grass saca la pluma y dice lo que hay que decir.

No olvidemos que Grass es un ex combatiente de la Segunda Guerra. Fue reclutado en 1944, y capturado por los aliados en 1945 cuando era miembro de una división Panzer de las SS. Ya habló en su momento Grass sobre su participación militar activa en la guerra.

Como Grass, Alemania vive, y vivirá aún por mucho tiempo, con las heridas y las culpas aún abiertas por el Holocausto. Los crímenes cometidos por la Alemania nazi han tenido un efecto determinante en la historia europea moderna y, por supuesto, en la historia israelí moderna.

Tanto para los alemanes que vivieron la guerra, como para las generaciones nacidas posteriormente, el Holocausto es un hierro candente, una señal que el tiempo no borra. “Hasta el final de mis días llevaré en mi frente la marca de Caín de esa doble S”, escribió Grass en una carta pública de 1999 en la que pedía perdón a los judíos por su participación militar activa en la guerra.

¿Inhabilita a Grass su condición de alemán para hacer una crítica a las actuales políticas bélicas del gobierno de Tel Aviv? Esta es una pregunta que Grass, y todos los alemanes deben hacerse y responderse ellos.

Pero como escritor, como poeta, como intelectual, Grass tiene una obligación de ser una conciencia crítica de los males e injusticias del mundo.

Vuelvo una y otra vez sobre estas líneas del poema de Grass: ¿Por qué solo ahora lo digo, / envejecido y con mi última tinta: / Israel, potencia nuclear, pone en peligro / una paz mundial ya de por sí quebradiza? / Porque hay que decir / lo que mañana podría ser demasiado tarde, / y porque —suficientemente incriminados como alemanes— / podríamos ser cómplices de un crimen / que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa / no podría extinguirse / con ninguna de las excusas habituales”.

Yo no sé usted, pero yo veo aquí una durísima crítica, no a Israel sino a Alemania, a su propio país: un llamado de urgente advertencia: ya cometimos millones de crímenes que no quisimos prever, no seamos ahora cómplices de otro crimen que se pudo prever, simplemente por miedo o hipocresía de no confrontar nuestras propias culpas.

No hace mucho, el eurodiputado y mítico líder del 68 francés Daniel Cohn-Bendit, al deplorar la crisis económica que está hundiendo a Grecia, condenaba a los gobiernos de Francia y de Alemania, de con una mano cobrarle sus deudas a los griegos, y con la otra venderles armamento y equipo militar.

Me parece a mí que no es Grass quien debe ser declarado persona non grata – es la hipocresía de un gobierno como el alemán que no tiene empacho en contribuir a una posible conflagración en Medio Oriente, pero no es capaz de defender a uno de sus ciudadanos más ilustres, o tan siquiera de enfrentar a sus propios demonios.

Grass atraviesa estos días por el calvario que sus palabras crearon, pero no se desdice. Yo rompo mi lanza por él y por los artistas que dicen lo que se debe decir. Igual me apedrean a mí también. Será que cabalgamos.

¿Y usted qué piensa de todo esto?

 

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

Comentarios

6 comentarios en “El calvario de Gunter Grass

  1. Yo coincido, totalmente contigo, Gerardo. No hay falsedad más grande que condenar a un escritor por escribir. El calvario de Gunter Grass no sólo es llevar a cuestas la doble -ese- sino con su culpa, la incomodidad de miles de alemanes.

    Publicado por Zazil | abril 14, 2012, 1:38 PM
    • Recién visité el Museo de la Memoria y la Tolerancia en la Ciudad de México. Imperdonable el odio que Alemana Nazi desplegó en contra de los Judios, pero que el Gobierno Alemán quiera limpiar sus culpas vendiéndole a Israel un submarino de guerra no abona para nada a de por si frágil estabilidad del Medio Oriente. Gunter Grass cumple como Alemán y como Ciudadano del Mundo al denunciar este hecho.

      Publicado por Francisco Venegas | abril 15, 2012, 11:51 PM
    • Zazil, fijate hoy lo que Bernard Henry-Levy dice de Grass en El Pais. Una critica terrible la que le hace, y a mi modo de ver injusta e interesada. Pero asi estan las cosas.

      Publicado por gerardo1313 | abril 16, 2012, 8:37 AM

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