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Literatura

Aquí en la Tierra, Ray Bradbury….

A Cristina Gordoa y Cecilia Pego

Nos dejas, Ray Bradbury, con un montón de preguntas y ansiedades, con una larga tira de preocupaciones, y te vas a contemplar en primera fila el paso de Venus por el Sol, o a constatar los avances de la colonización en Marte, o aún más lejos, en algún punto del Cosmos donde un Dios tatuado te cuenta las historias del infinito.

Aquí en la Tierra, aún no llegamos a los 451 grados Fahrenheit pero toda la humanidad está empeñada en el intento. Ya hemos conseguido en algunas partes que los tornados, por ejemplo, sean más grandes, más fieros, más devastadores, o que aparezcan en sitios donde antes no eran frecuentes.

Alguna vez dijiste que peor que quemar los libros, era no leerlos. Creo que estamos haciendo grandes progresos en ese sentido. Cada vez menos gente lee, y cada vez más nuestros líderes son hombres y mujeres ignorantes, mal preparados y torpes. Astutos al menos lo son, porque evitan el escándalo de armar hogueras y tirar libros en ella: les basta con cortar los presupuestos de educación, arte y cultura, y exhibir su ignorancia como si fuera una medalla.

Ray, acá en tu país, en Estados Unidos han abandonado la idea de colonizar Marte. A cambio, siguen queriendo colonizar el Medio Oriente en expediciones militares que hacen que la ciencia ficción parezca literatura infantil. Y no les hacen falta marcianos, porque basta con ser inmigrante para ser visto como una criatura extraña, sospechosa y peligrosa. El hombre elegido presidente en nombre del cambio y la esperanza ha resultado especialmente eficiente en perseguirlos, capturarlos y deportarlos.

Tu país está profundamente dividido por una brecha ideológica cada vez más grande; izquierdas y derechas, de forma vociferante, sin intención alguna de diálogo y compromiso, van tirando de los bordes de la brecha y en ella van cayendo cada vez más personas, confundidas y aturdidas por la gritería. En noviembre, me temo, se elegirá presidente entre el mejor de dos gritones.

Tal vez es hora que te hagamos caso, Ray. Tal vez tendremos que irnos aprendiendo de memoria ciertos libros. Pero en vez de sólo guardar ese conocimiento, quizás funcione ir de persona en persona, y recitarles un capítulo para acallar la gritería y que escuchen otras veces. A ver podemos encontrar quien memorice las obras de Twain, de Faulkner, de Whitman, de Roth y de Auster, por mencionar a unos cuantos.

En mi país, Ray Bradbury, los tatuajes de nuestra historia nos cuentan asuntos terribles de violencia, muerte y corrupción. Decía mi amiga Cristina Gordoa que en unas semanas no se estarán votando proyectos de país, sino proyectos de poder de ciertos grupos. Y decía mi otra amiga Cecilia Pego que nos dominan políticos sin brazos (hacía referencia a la cinta Santa Sangre, de Jodorowsky), que es decir gente sin ojos, sin corazón, sin memoria.

Los jóvenes despiertan, eso sí; y tal vez en ello se centre nuestra única esperanza, porque gane quien gane las elecciones presidenciales ellos y nosotros debemos exigir actuaciones responsables, y demandar rendición de cuentas.

Pero hay también millones que no leen, que no se cuestionan, y a los que tenemos que ayudar a despertar. Quizás entonces debamos memorizar a Fuentes, a Rulfo, a Villaurrutia, a Reyes, a Ibargüengoitia, y a muchos más. Por cierto, si en alguna esquina de la Vía Láctea ves a Fuentes, dile que estamos en la labor para que no elijan al títere que nunca no lo ha leído, pero que la cosa no se ve fácil.

Ray, y ¿qué hacemos además con España y Grecia, cuna de nuestro pensamiento, que se nos hunden en su pesadilla europea? Ya no lee la gente, me temo, ni al Quijote ni la Ilíada; ni a Quevedo, ni a Hesiodo; ni a Savater, ni a Aristóteles. ¿Podremos salvar el alma de esos dos pilares del Mediterráneo que nos dio lengua y filosofía, poesía y teatro, memorizando a Lope de Vega, a Cavafis?

Tú ya marchas lejano en tu viaje, y la responsabilidad es nuestra (siempre lo ha sido) de darle sentido a la obra de autores vivos y muertos, memorizados o no, para que la letra sea cosa ardiente y viva en la conciencia de los pueblos. Tú cumpliste tu tarea, y nos dejaste para siempre esa imagen del fuego destructor, que no es el fuego, sino nuestra propia y avasalladora desidia. Pero también nos hiciste un guiño de esperanza: la respuesta está en nosotros mismos.

Por ahí de los años 60 escribiste un poema de corte shakesperiano: sacudido por el horror de Vietnam, por la insensatez de la guerra, nos dijiste que uno no podía darse el lujo de preguntarse ‘ser o no ser’, porque no puedes evitar ser en el mundo.

Más abajo transcribo el poema traducido al español. Quizás alguien lo memorice. Buen viaje.

Mucho he soportado para llegar aquí

Mucho he soportado para llegar aquí / aunque no he estado enfermo, o loco, / ni arruinado por una tragedia. / Aunque sienta que así ha sido. / Hay algo en mi interior, las paredes de la celda son tenues, / Mis venas son de cristal, mi corazón un simple capricho, De latido, pausa y latido, Las muertes en la calle son mías. Si pudiera elegir no sería así. / Sé más de lo que quisiera saber. / Los titulares de la mañana me hablan de una guerra, / Yo sé que se mueren por ahí; dejo en paz mi cuchara. / Esta noche los hombres llegan a la luna: sé de su gozo. / El niño que hay en mí se va con ellos mientras caminan / Muy lejos por el polvo, en un mundo más allá de nuestro alcance / Y le enseñan a mi cansada sangre a amar de nuevo. / Llueve esta noche en el centro del Perú, / Lavo mi cara en la lluvia. En Indochina, otra masacre más. / Corro ahí una carrera y pierdo. / ¿Lo ven? No puedo escoger entre ser y no ser.

 

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

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