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Religion

Jesús, y la canasta del reciclaje

Que Jesús el Nazareno, Yehoshua ben Yosef, o Iesus Christo, según prefiera usted llamarlo, haya sido un hombre casado, a estas alturas de la historia, no debería sorprender a nadie.

–Así que estaba casado. ¿Qué tiene eso de malo?—me pregunta mi mujer cuando le comento el tema de mi blog.

No creo que tenga nada de malo. No creo que sea una cuestión de ‘bueno’ o ‘malo’, o de fe, sino en todo caso, de coherencia histórica.

Judío y súbdito de Roma, Jesús era un hombre de su tiempo. Carpintero o hijo de carpintero, tal vez rabino de alguno de los muchos grupos en que estaba dividido el judaísmo en aquel entonces, había una expectativa en la sociedad que un hombre de su edad ya estuviese casado y tuviese hijos.

El pedazo de pergamino encontrado recientemente, y que se ha convertido en noticia mundial, indica que Jesús hablaba de su esposa y discutía las probabilidades de que, además de serlo, también asumiese un papel específico como discípula.

No aclara el pergamino si esa esposa era María Magdalena, u otra mujer.

Tampoco creo que importe.

Creo que lo que uno debe analizar es la necedad del Vaticano de utilizar la vaguedad de estos textos para justificar conductas actuales, y seguirles negando tanto a los sacerdotes la posibilidad de ejercer su ministerio sin negarse una faceta crítica de su vida sentimental, como a las mujeres la vía del sacerdocio.

Es curiosa la manipulación que de este tema hace Roma: Jesús fue hombre, nos dicen, pero no al punto de tener una esposa. Para eso no era hombre.

Ayer escuchaba por la radio a algunos teólogos vaticanos que ya “interpretaban” el pergamino en el que Jesús, simple y sencillamente, hablaba de “mi mujer”, como hoy, yo, en cualquier conversación, hablaría de la mía.

Jesús habla de forma simbólica, decían. No hay tal esposa, sino que es el espíritu, o es la iglesia, que es la “esposa de Cristo”, decían. Lean si no éste sesudo comentario de un sacerdote jesuita, que ni cree, ni cede. Allá él.

En Roma siempre hay una explicación para todo. Por eso llevan más de dos mil años como imperio.

Jesus y la senora Ben Yosef, por si andaban con el pendiente.

 

La realidad documental contradice al Vaticano, y el Vaticano se retuerce como la serpiente romana que es, para encontrarle la cuadratura al círculo.

No sólo hablo del pergamino. Los propios Evangelios dicen que Jesús estuvo acompañado en el momento de su muerte por dos mujeres: una, admite Roma, era su madre. La otra era María Magdalena, pero para efectos de la manipulación, para justificar lo injustificable, esa mujer es una “prostituta arrepentida”.

A esa misma mujer se le aparece Jesús. A nadie se le apareció antes. Ni a sus discípulos más cercanos.

Yo no sé usted, pero si yo me desaparezco por un rato, sea por la razón que sea, y no me le presento primero y antes que nada a mi mujer….

Queda claro.

En el fondo del debate creo que hay una preocupación, un temor feroz en el Vaticano en hacer cualquier concesión en materia de la humanidad de Jesús.

Pocas cosas más humanas que una relación de pareja. Pero eso le molesta a Roma que ha forjado su poder en torno a la formación de un ejército célibe e inflexible, preocupado por la disciplina y la transmisión férrea, inflexible, de una doctrina.

El inhumano ejército de cuellos blancos de Roma no puede tolerar algo tan humano como una vida en familia, pero sí asume la facultad de decirles a hombres y mujeres cómo deben vivir en familia. En especial a las mujeres.

Nada puede haber más peligroso para Roma que una mujer que no es súbdita, que no es discípula, sino que es pareja, que es igual, que es compañera.

Allá Roma.

Me pide mi mujer que apresure este artículo porque hay que sacar la canasta del reciclaje antes que pase el camión recolector.

Y me imagino al barbado Yehoshua, diciéndole a su mujer que, si no hay problema, va a dar una vuelta al lago con sus amigos.

–No sé, Yehoshua—le dice la esposa. —Luego te pasas más de una noche, por ahí, a la intemperie, y me regresas oliendo a rayos. ¿Va a ir el tal Pedro?

–Pues sí, él me invitó.

–Ese tipo me cae mal, es un pesado y un ignorante. Cualquier día te hace un desaire, ya verás.

–Pero va mi hermano Santiago.

–¡Ja! Como si eso fuera consuelo…

-Venga, mujer, no seas así….

-Está bien, haz lo que quieras. –¡Oye!—

–¿Ahora qué, mujer?—pregunta Yehoshua, ya en la puerta de la casa.

–De regreso me traes unas sardinas, unos ajos y aceite de oliva, que con lo que hay aquí para comer no esperes que haga milagros, ¿me oyes?

 

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

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