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Cine

Los ojos de Emmanuelle

                                                                        Para América Pacheco, quien también la echará de menos

Hay mujeres que nos seducen con la sonrisa, con la voz, con el recorrido vertiginoso de su curvas, con el rastro de un perfume; Sylvia Kristel seducía con los ojos, ojos verdigrises de cazadora que eran saeta clavada en el bajo vientre de su presa, ojos entregados a la sinceridad del cuerpo, a la inevitabilidad de lo carnal, ojos de bruja sabia en lo alto de un cuello que era un pedestal rodeado por un collar de perlas que nos ataba los sentidos y nos hundía en la ensoñación.

Sylvia Kristel aparecía como desde una bruma, desde un trono de bejuco donde todas las gimnasias del amor eran posibles. Nariz recta, pómulos suaves y corto cabello rojizo andrógino de esta flamenca que hubiese derretido al Duque de Alba, que hubiese salvado a Flandes de la invasión española si tan sólo hubiese sido suya aquella época, y no la del cine soft porn europeo de los 70’s.

Ojos de inquietante acero

Subrayo soft porn. Hay una diferencia importante entre el cine soft porn del que Sylvia Kristel, Emmanuelle, fue reina indiscutida y definidora del género, y el hardcore de Linda Lovelace, su también añorada, trágica contemporánea. El soft porn siempre fue como el vuelo ominoso de ave de presa, el hardcore fue vuelo en picado.

Mis encuentros con Sylvia Kristel, con sus ojos de incitante acero, fueron siempre en la penumbra del cuarto de algún amigo donde el televisor reproducía el vídeo de alguna de las Emmanuelles (hubo muchas, no todas protagonizadas por Sylvia), o la anónima decadencia de alguna sala de cine del centro de la Ciudad de México, donde uno compartía, pero de lejitos, inquietudes y sobresaltos con otros jóvenes erráticos, maduros desesperados, y viejos urgidos, ninguno viendo al otro, todos sintiéndose exhibidos por la mortecina luz rebotada en las cabezas sentadas esparcidamente, mientras Sylvia nos amaba desde la pantalla, mientras nos prometía viajes de placer alrededor del mundo y extravagantes sueños asiáticos.

Emmanuelle, la original, se exhibió por vez primera en 1974. Producirla costó medio millón de dólares. Desde entonces ha generado 100 millones de dólares en ganancias y es una de las cintas francesas de mayor éxito de todos los tiempos: que nos perdonen Goddard, Piccoli y Depardieu.

Emmanuelle nos regaló un Bangkok que me es tan mítico, quizás lo sea para usted también, como Macondo o Comala. Emmanuelle era la Europa liberada y destapada de los 70’s, era Ámsterdam donde todo era posible por un precio razonable. Adolescente, recorrí las calles de Ámsterdam buscando secretamente esos ojos de devastador acero. Aún no he ido a Bangkok.

Sylvia Kristel murió en Ámsterdam, ayer, poco después de cumplir 60 años. Nunca se recuperó de una embolia que sufrió en el verano, aunque ya había sobrevivido a un cáncer de garganta. Había sido esposa del poeta y novelista belga Hugo Claus (de esa relación, en la que Claus le llevaba muchos años, surgió la idea básica de la primera Emmanuelle), y del estupendo actor británico Ian McShane.

Sylvia había sido víctima de abusos sexuales en su niñez, pero aunque lo mencionó en su autobiografía no hablaba mucho de esos hechos. En la pantalla, sus personajes (también hizo de Lady Chatterley y de Mata Hari) representan una ferocidad y una distancia que tal vez estaban determinados por ese drama previo.

Sylvia Kristel, una vida azarosa

Sus ojos aún me miran desde su trono de bejuco, aún encuentran al adolescente de urgencias clandestinas y manos inquietas que hojeaban las carteleras cinematográficas en busca de alguna sala que exhibiese Emmanuelle; saben esos ojos de aquellos encuentros, de aquellas fabulaciones y fantasías. El maduro canoso que ahora mira esos ojos multiplicados por el Google Images, cierra los suyos y recuerda este otro trozo de siglo XX que ya es memoria, que es elegía.

Sylvia Kristel duerme su sueño interminable. Emmanuelle, viva en sus ojos y en los míos, me mira desde la comodidad de su trono de bejuco, desde la promesa de las perlas atadas al cuello como si estuviesen amarradas a la sangre, desde la cita aún incumplida en Bangkok, y sonríe para sí, guardiana y cómplice de aquellos secretos.

 

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

Comentarios

3 comentarios en “Los ojos de Emmanuelle

  1. Ya me sacó el suspiro, maestro. Para mis paisanos la Kristel también marcó toda una época, No en vano son los ojos (y demás encantos) que acompañaron (¿amenizaron?) la Transición española, tras décadas de oscurantismo y excursiones allende los Pirineos (bendito Perpignan) para poder ver y leer según qué cosas…

    Publicado por Susana | octubre 19, 2012, 11:10 AM

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