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Violencia

No quiero saber (reflexiones tras la matanza en Connecticut)

No quiero saber los motivos por los cuales un psicópata entra a una escuela y mata a 27 personas, incluyendo 18 niños de corta edad.

No quiero saber cuántas armas llevaba, si eran pistolas, o rifles, o granadas de mano. No quiero saber si consiguió su estúpido chaleco antibalas en Walmart o en Kmart.

No quiero saber que los medios de comunicación están entrevistando a sus vecinos para que estos digan que era un tipo callado, reservado, solitario.

Tiroteo en Connecticut. Foto del Washington Post/Reuters

Tiroteo en Connecticut. Foto del Washington Post/Reuters

No quiero oír a ningún político con sus estúpidos, ridículos, inanes discursos de condolencias, llamando a la oración, a la reflexión y a abrazarnos todos como hermanos porque evidentemente no todos somos hermanos. El hijo de puta que entró a la escuela y los mató, no es mi hermano. Y el hijo de puta y además imbécil que defienda su derecho constitucional a portar armas no sólo no es mi hermano, es un perro, y le escupiré en la cara.

No quiero una jornada nacional de condolencia y pésame. Ya llevamos demasiadas.

No quiero que me inviten a orar.

Quiero creer que en algún momento este país despertará y tendrá los cojones de enmendar su Constitución y derogar el derecho a la tenencia de armas. Eso sí lo quiero saber.

Connecticut, hoy. Foto de Washington Post/Reuters/Michelle McLoughlin

Connecticut, hoy. Foto de Washington Post/Reuters/Michelle McLoughlin

Pero vivimos en una época de mínimo común denominador, donde las ideas de los políticos son meras frases de teleprompter creadas por petulantes publirrelacionistas y “magos” de la comunicación y el mensaje, tan cobardes, tan limitados, tan poquita cosa.

Vivimos en una época donde los políticos viven del voto comprado, y no de la conciencia de su responsabilidad pública.

Y esos saldrán tomaditos de la mano a orar y pedir por las buenas almas, y a refugiarse detrás de las psicopatías ajenas. Y no harán nada.

Quiero, quisiera saber, que un cambio es posible. Mientras no lo sea, no quiero saber más porque lo que ya sé es que me queda otro remedio que llorar y pegarle a las cosas con rabia e impotencia.

 

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

Comentarios

Un comentario en “No quiero saber (reflexiones tras la matanza en Connecticut)

  1. Jerry es una gran pena. Yo tampoco quiero saber. Y sé, de primera mano lo que han hecho las armas aquí. Esas que pasaron la frontera. Esa frontera coladera por donde todo pasa. Esos “fierros” que dejan también como coladera, a quienes no dejan de llamar: daño colateral necesario en una guerra, que ya no es guerra-dicen.
    Me duele porque aquí hubieran opinado que: “En algo andaban.” “Algo sabían.” “Algo dijeron.” ” En esa escuela estaba…”
    Cuando la muerte toca la puerta de esa manera, con niños tan pequeños e indefensos, en una nación que todo lo mediatiza, todo lo usa, todo lo vende, todo lo compra. Donde, no importa quién seas, persiste el racismo, la duda, la sospecha, y por eso hay que estar armado. No tardará en repetirse la historia.
    Yo tampoco quiero saber, y curiosamente, se nos da saber. Esa maldita costumbre de leer, de informarse, de indagar, de cuestionar.
    Coincido, no hay hermandad cuando la industria de las armas deja mucho dinero.
    Rezaré en silencio. Elevaré una oración. Los veré en los ojos de los míos, para saber que sí, hay “los otros”, esos niños que también son nuestros, y duelen, profundamente.

    Publicado por Cristina Gordoa | diciembre 15, 2012, 8:42 AM

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