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Mexico

No creer; no informar: torres, gases y poder

A pocos días de la explosión en la torre de Pemex, a pocas semanas de la liberación de la francesa Florence Cassez, a pocos meses, o años, o décadas del conflicto o suceso de su elección, no creemos lo que nos informan.

No son reclamos, son realidades y son procesos culturales, marcas de identidad de una cultura política, pero no por ello menos real que otras señales de identidad de lo mexicano y los mexicanos.

El caso de la torre de Pemex es un nuevo episodio en la historia de una espada de doble filo: de un lado la desconfianza y el escepticismo hacia el poder (justificada o no, esa es otra historia); del otro lado, la tentación desde el poder a no informar, a ocultar la información, a difundirla a trozos que, por fraccionarios, se contradicen.

Torre Pemex: vision borrosa

Torre Pemex: vision borrosa

Escoja su suceso preferido: la matanza del 2 de octubre de 1968, o el magnicidio de Álvaro Obregón tras la Revolución; los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu; la verdadera cifra de muertos por el sismo en la Ciudad de México en 1985. Y un largo etcétera.

La misma tensión se repite en cada caso, y los dos extremos se alimentan uno del otro: no te creo, porque no me cuentas todo; no te cuento todo, porque no confío en tu respuesta, pero quizás alguien te filtre algo para que no te quedes sin saber nada; en base a lo que has filtrado, o en base a lo que has declarado abiertamente, como es bien posible que no me lo estés contando todo, no te creo. Ni te creeré.

No teorizo sobre si esa tensión continua entre el escepticismo, la información y el poder, proviene del mestizaje entre lo indígena y lo español, o de los cambios profundos en la psicología del mexicano a lo largo del convulso siglo XIX y las primeras década del XX; o es un efecto tenaz del monolítico estado mexicano de 1930 al 2000.

Mi preocupación fundamental es sobre el efecto continuo y futuro de esa tensión no resuelta. En el 2000, México optó por otro modelo de Estado, porque el Estado venía desmoronándose desde mediados de los años 60; el experimento, como todos los experimentos políticos es y seguirá siendo titubeante hasta que se consolide; esto es, hasta que un nuevo modelo político forme parte de la psicología cultural de los ciudadanos (el modelo centralista y autoritario del PRI no se hizo inmediatamente legítimo; se consolidó a lo largo del tiempo).

Es muy pronto para hablar de democracia como señal característica de este nuevo modelo. El modelo aún no se consolida en el sentir y pensar de la gente. Para que lo haga, para que sea plenamente democrático (independientemente de quien ejerza las responsabilidades de gobierno), deben existir claros elementos identificadores de legitimidad y credibilidad.

Estos no están ahí.

Fue muy interesante observar el uso de redes sociales por parte del gobierno en sus primeros intentos por abarcar la tragedia en la torre Pemex. Una diversidad de voces, una diversidad de versiones, y una falta de claridad que, inevitablemente, alimentan ambas cabezas de la serpiente: no te creo, y no me informas. Y porque no me informas no te creo, y porque no me crees igual no te cuento todo, y como no me cuentas todo, lo que digas no es creíble.

Ricoeur: lo interpretable y lo interpretado

Ricoeur: lo interpretable y lo interpretado

Al analizar los sistemas de poder, Foucault entendía que en una comunicación vertical, el individuo es objeto, no sujeto, de la información. En esa relación-objeto, el individuo siempre escapa por debajo de la información – no cree, porque interiormente le agobia la verticalidad del proceso. No es sujeto.

Ricoeur planteaba que los humanos, básicamente, interpretamos y nos interpretamos. El lenguaje, es decir, la comunicación, es fondo y forma de nuestras relaciones de poder.

La cultura democrática que no termina de consolidarse en México tendrá que ser un ejercicio de lenguaje de dos vías: un ejercicio intencional desde el poder por transparentar su manejo informativo, abrir canales, hacer de los individuos sujetos, y no objetos, de lo comunicado; y un ejercicio igualmente intencional de los individuos por creer; no al poder, no al gobierno, sino unos a otros; abrir los canales horizontalmente.

Largo y complicado camino, pero imprescindible y necesario.

 

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

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