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Historia

Lo que queda (si algo queda) de nosotros

                                                                                                                                A Jorge F. Hernández

En cien, doscientos, quinientos años, ¿qué quedará de nosotros? No me refiero al ‘nosotros’ como género. Me refiero a usted que me lee, a mí que le escribo. ¿Quedará algún vestigio, algún resto? ¿Alguna carta, amarillenta e ilegible? Tal vez alguna foto. O nada.

Créame, lector, que esta no es una reflexión pesimista ni deprimente. Me obsesiona el tema: no por una vana pretensión de trascendencia, sino por una tenaz curiosidad por los restos, los vestigios, lo que queda cuando ya todos nos han olvidado, lo que persiste. Si algo persiste.

Alimenta esta reflexión, u obsesión, un libro que vi por primera vez sobre el escritorio de Jorge F. Hernández, en la ciudad de México. El título me atrapó. Traces remain, de Charles Nicholl (Penguin, Londres, 2011). Rastros quedan, vestigios quedan, podríamos traducir a bote pronto.

Nicholl es un historiador y ensayista británico que vive en Italia. Sus especialidades incluyen Shakespeare, Christopher Marlowe, Rimbaud y Da Vinci.  Pero Nicholl es también una especie de detective de la literatura, obsesionado por los restos, los vestigios, que se van quedando en muchos lugares y que esperan, pacientes, a que alguien reconstruya la historia de la cual provienen.

Traces remain, de Charles Nicholl.

Traces remain, de Charles Nicholl.

Traces remain recoge 25 ensayos, veinticinco pequeñas joyas, escritos a lo largo de tres décadas, en las que Nicholl utiliza sus profundos conocimientos, y su inagotable curiosidad, para desentrañar fascinantes historias.

No desmenuzo los 25, pero apunto que los ensayos incluyen: una divertida reseña sobre los jolgorios sexuales en una casa de Londres cuyo dueño, en algún momento, fue también casero de Shakespeare; las especulaciones sobre la muerte del temible alquimista Edward Kelley en Bohemia, en el siglo XVI; los restos de una posible pieza teatral de Shakespeare; el hallazgo, por parte del explorador y espía italiano, Antonio Pigafetta, de una raza de gigantes en la Patagonia; las especulaciones en torno a uno de los individuos que pudo haber sido Jack el Destripador; la locura de la búsqueda del oro en El Dorado; los vestigios que quedan de la mítica Alejandría de Durrell y Cavafis; la desaparición, en Malasia, del misterioso americano Jim Thompson, prácticamente un personaje de novela de Graham Greene.

De todos estos ensayos, me atrapó especialmente el dedicado a Arthur Cravan, el poeta francés, contemporáneo de Jarry y antecesor de Dadá, quien desapareció misteriosamente en el Istmo de Tehuantepec, México, en plena Revolución. Cravan, sobrino de Oscar Wilde, además de poeta, fue editor y, entre muchas otras cosas, boxeador llegando inclusive a pelear contra el legendario campeón Jack Johnson, quien lo hizo pedazos en seis asaltos. Cravan, relata Nicholl, siguió peleando y, pocos días antes de su desaparición, planeaba un nuevo combate de campeonato.

Cravan era ave de tempestades. Apollinaire lo despreciaba y se dice inclusive que lo intentó retar a duelo. Pero Breton lo admiraba y su obra influyó en Dadá y muchos otros surrealistas. Era amante de la poeta inglesa Mina Loy, quien lo siguió a México. Su plan era navegar hasta Argentina. Loy lo hizo en un barco de pasajeros. Cravan tuvo la peregrina idea de comprar o alquilar un velero con el cual se hizo a la mar en el Istmo. Aunque las circunstancias de su muerte nunca quedarán aclaradas (hay quien asegura que Cravan siguió vivo y reapareció bajo la identidad del igualmente misterioso Bruno Traven, extremo que Nicholl descarta), lo más probable es que las aguas del Pacífico hayan terminado con él.

El planteamiento de Nicholl es que la historia (no la Historia hegeliana, sino las historias de cada uno de nosotros) va dejando rastros. Que nada desaparece del todo. Que algo queda, por pequeño o indescifrable que sea, que puede eventualmente dirigir el rastreo por la ruta correcta.

Cravan, Pigafetta, Kelly y los demás personajes rastreados por Nicholl no contaban con algo que hoy es del dominio público: la huella digital que dejamos a través de Internet y las redes sociales. ¿Hará esa huella más fácil el rastreo de nuestros vestigios, o se verificará el efecto opuesto: la dispersión máxima de lo que fuimos e hicimos?

No lo sabemos. Dentro de 500 años, alguien que nos busque puede encontrarse con un tuit, una foto abandonada en algún hiperenlace, alguna oscura mención en un blog. O el buscador, como Nicholl, tendrá que viajar por el mundo y buscar los vestigios, los rastros físicos. O nada quedará.

Los dejo con dos cosas. Hace unos días aparecieron en un sitio web fotografías de 30 lugares, en distintos puntos del mundo, que son vestigios, rastros de su propia, ya olvidada, grandeza. Pongo aquí el enlace. Vale la pena explorarlo.

Inevitablemente, al hablar de vestigios, restos y rastros, pienso en Shelley y el estremecedor poema Ozymandias. Incluyo la versión en español, y un vídeo de la versión original leída por el actor Ben Kingsley.

 

Ozymandias

 

Conocí a un viajero de una tierra antigua

que dijo: «dos enormes piernas de piedra

se yerguen sin su tronco en el desierto;

junto a ellas, en la arena, semihundido

descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido

y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,

cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones

que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,

a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.

Y en el pedestal se leen estas palabras:

“Yo soy Ozymandias, rey de reyes:

¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!”

No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas

de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas

se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

 

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

Comentarios

2 comentarios en “Lo que queda (si algo queda) de nosotros

  1. Lo que queda (si algo queda) de nosotros | En la Ciudad de los Vientos , es interesante, desde que os recibo no puedo parar de mirar todas vuestras sugerencias y me alegra cuando recibo uno más, sois lo mejor en español, me encata vuestra presentación y el curre que hay detrás. Un beso y abrazo,GRACIAS POR VUESTRO TRABAJO, nos alegrais la vida. fisioterapueta torrejon ardoz

    Publicado por fisioterapueta torrejon ardoz | julio 3, 2013, 5:50 AM
  2. Hay que concebir de otra forma nuestra condición surrealista y dejar de ver la historia de México como un largo desencuentro con la vanguardia. Aun como país comúnmente ligado con el rezago, México se ha relacionado con las vanguardias y hasta las ha producido: basta mirar un cuadro de Tamayo para darse cuenta de lo ilusorio de cualquier dilema entre lo mexicano y la modernidad. Breton compartió con Cervantes el doble aliento del viaje y la creación que se resolvía en una idea fija: América, México, la patria del futuro cuyo encuentro representaba la posibilidad de una experiencia renovadora. Tal vez permanece en el aire, sin embargo, la imagen de la herencia hispánica sólo como un lastre medieval —aunque ese fardo haya sido la vanguardia que en el siglo XVI intervino en la creación de México. A pesar de la formidable evidencia en contra de la confusión sobre el lugar de lo mexicano en lo moderno, no nos hemos podido deshacer por completo de la creencia en un divorcio esencial entre México y cualquier variedad de la vanguardia. La cultura mexicana sólo se podrá mantener como un sujeto dotado de voz en la conversación con el mundo borrando los vestigios de esa tendencia de vincular a México con el atraso.

    Publicado por Howard Carter | julio 5, 2013, 4:51 PM

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