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Estados Unidos

Ya nos sabemos la película

Cambia el escenario, ciertamente los personajes, a veces los efectos especiales. Pero nunca el guión.

Ya sabemos que en alguna parte habrá un individuo que padece desequilibrios mentales, y que en algún momento recogerá todo su arsenal, porque es más fácil tener un permiso de portación de armas que un permiso de manejo, acá en Estados Unidos.

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(Sus vecinos, que nunca vieron nada, siempre dirán que era un buen chico, algo retraído. Pero saludaba todos los días).

Ya sabemos que para abordar un avión hay que desnudarse y dejar que te metan mano, no sea que lleves algo en el duodeno que vaya a hacer pum a 11 mil metros de altura. Pero a cambio puedes entrar a muchos edificios públicos, o apostarte en una plaza, con una maleta llena de armas y suficientes municiones, para empezar a escoger tus blancos. Nadie te dirá nada porque la policía está para cosas mejores, como rascarse la cabeza ante la incontenible violencia en los barrios negros y latinos.

Ya sabemos que cuando se haya disparado la última bala, y el buen vecino expire o sonríe, esposado, desde el asiento trasero de la patrulla, se congregarán los de siempre y hablarán de dolor y patria, y prometerán acciones contundentes.

Ya sabemos que no harán nada. No pueden, porque tienen la espalda entumida de tanto estar doblados para recibir las dádivas del lobby de las armas.

Ya sabemos que Barack Obama (o el títere de turno, da lo mismo, como dije antes: cambian los personajes) adoptará una postura de viril indignación. Sabemos que, en realidad, sigue modelando para la futura estatua de sí mismo, esa que apuntará con un dedo hacia el futuro mientras por detrás Putin le hace twerking.

Los que siguen sin saber qué pasó son los muertos. Los del Navy Yard, o los de anoche en Chicago, o Nueva York, o Los Ángeles, o Atlanta. Ni siquiera hay una base de datos confiable sobre víctimas de la violencia armada en EEUU, quizá porque ya sabemos que lo importante es sacar pecho ante Siria. O Irán. O Afganistán.

Ya sabemos que usted, y yo, contribuyentes al fisco, pagaremos los costos de atención médica a las víctimas de la película que usted y yo nos sabemos bien.

Ya sabemos que el NRA dirá que lo mejor de la vida es la libertad, y esta se expresa con una Magnum 44 en la mano, o un AR 15. Y el que, al final de la película, acaba con un orificio de bala en la frente, ese también era libre de no ponerse en el camino de una bala, ¿verdad? ¡Ah, qué libertad tan pícara!

Ya lo sabemos…

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Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

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