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Poesia

Martes de #poesía – Los Poetas de Abril, II: Piedad Bonnett

Hoy continuamos con la segunda entrega sobre los poetas que, desde otros países, visitarán Chicago entre el 24 y el 26 de abril con motivo del VII Festival Internacional de Poesía en Español Poesía en Abril que co-organizan la revista contratiempo y la Universidad DePaul.

Había mencionado que es tradición del Festival homenajear a dos poetas por su trayectoria. En 2014 lo haremos con el argentino Hugo Mujica, a quien dediqué la entrega anterior, y con la colombiana Piedad Bonnett, a quien dedico la que usted está leyendo.

Bonnett (1951) es poeta, narradora y dramaturga. Al contrario de la poesía altamente metafísica y teológica de Mujica, Bonnett escribe desde la experiencia de muchos colombianos, la de un país marcado por la violencia y la desigualdad.

Es autora de ocho poemarios (de De Círculo y Ceniza, 1989 a Explicaciones no pedidas, 2011), cinco novelas incluyendo la reciente Lo que no tiene nombre (2013), cinco obras de teatro y otros tantos volúmenes de ensayo, y ha sido galardonada con premios tan importantes como el Casa de América del 2011 y el Poetas del Mundo Latino 2012, ambos por Explicaciones no pedidas.

Piedad Bonnett

Piedad Bonnett

A continuación, una breve selección de algunos de sus poemas.

 

Ofertorio

Como un regalo acepto tu silencio,
con todo
lo que contiene su rigor de roca.
Con todas las preguntas que caben en su círculo,
su arañazo, su lágrima y su vientre
de tambor que golpeo
y donde sólo el golpe me responde.
Como algo que es,
que no puede no ser
acepto tu silencio.
Con todo lo que tiene de respuesta,
de grito figurado, de impotencia,
de palabras cosidas con largos hilos falsos.

Porque todo
lo que un hombre quiere soñar cabe en el puño
cerrado del silencio.

Te ofrezco a cambio
todo el silencio que tu oído pide,
que tu corazón pide,
y de puntillas
salgo de ti.
(Yo, que siempre he creído en las palabras)

 

Algo hermoso termina
Todos los días del mundo
algo hermoso termina

Jaroslav Seifert

 

Duélete:
como a una vieja estrella fatigada
te ha dejado la luz. Y la criatura
que iluminabas
(y que iluminaba
tus ojos ciegos a las nimias cosas
del mundo)

ha vuelto a ser mortal.
Todo recobra
su densidad, su peso, su volumen,
ese pobre equilibrio que sostiene
tu nuevo invierno. Alégrate.
Tus vísceras ahora son otra vez tus vísceras
y no crudo alimento de zozobras.
Ya no eres ese dios ebrio e incierto
que te fue dado ser. Muerde
el hueso que te dan,
llega a su médula,
recoge las migajas que deja la memoria.

 

Nocturno

Mi noche es como un valle reluciente de huesos.
La piel, arena, sílice. Los labios, agrietados.
Una cruz de ceniza sobre el vientre desnudo.
Heme aquí entre malezas, en medio de rastrojos,
muestra de cara al techo de la alcoba,
con la luna bailando en la pupila
y el corazón como una liebre herida
que persiste en vivir. Quizá algún día
un enjambre de abejas fabrique su colmena
cerca de mí. Quizá algún día
me despierte el zumbido de su vuelo
sobre mis ojos, sobre mi garganta
y reverbere el cuerpo, luminoso,
como un mar que cantando alza sus olas.

 

A la hora de la siesta

un toro que escapó del matadero
entró a la casa de puertas abiertas.
Sus patas resbalaron en las baldosas del zaguán
antes de que en los corredores iluminados de geranios
se oyera su jadeo desconocido,
el estruendo de su cuerpo inocente.
Por las habitaciones frescas de sombra
erró con una furia ebria,
devastando un universo de cosas minúsculas,
de flores de papel y pocillos y sillas vacías,
hasta llegar a ese cuarto final
al que el silencio temeroso había huido.

La niña, en su precario escondite,
sabía que era un sueño.
En la quietud del tiempo detenido
podía escuchar el latir atolondrado de su pecho,
su retumbar acompasado
como de pasos de bestia en la penumbra.

 

Reliquias

Tías siempre observadas
por aquel laberinto de retratos,
con sus piernas de pájaro enredadas
en ovillos de lanas de colores.
Un camafeo guarda los cabellos
que el afán de la muerte ha desteñido.
Tías con manchas grises en las manos
que minuciosamente multiplican
de cojines sus cuartos numerosos,
adormilados en la neftalina.
Tías de labios rojos,
que duermen vigiladas por bandejas de plata.
A todos nos alcanzan sus bufandas eternas,
que esperan un invierno que no llega.

 

 

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

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