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Chicago

Historia del hombre que camina

Confieso que el título es un poco engañoso. No conozco toda su historia. De hecho, su misterio es precisamente el desconocimiento absoluto sobre la historia que lo llevó a caminar sin rumbo por las calles del centro de Chicago.

Toda ciudad tiene personajes que viven al borde de las cosas y, al mismo tiempo, en el centro de las mismas. De la Ciudad de México recuerdo al Papirolas y sus papiroflexias; a la Güera, que servía los tacos de guisado más deliciosos del mundo afuera de los Estudios Churubusco; al Baguen, que vivía y mercaba infinidad de cosas dentro de los edificios de Televisa Chapultepec; al gran Gaytán, Rey de Coyoacán.

Chicago tiene al Hombre que Camina. Los gringos lo llaman The Walking Dude. A mí no me sirve este término porque no es un “dude”, ese ambiguo término americano que en el siglo XIX significaba “petimetre” y hoy es un vago descriptivo de cualquier varón más o menos joven.

Y es que el Hombre que Camina ya no es joven. Se me ha ido poniendo viejo desde que lo vi la primera vez, en el verano de 1998, cuando llegué a vivir a la Ciudad de los Vientos.

De cuando lo vi por primera vez

De cuando lo vi por primera vez

Es alto, flaco y cargado de hombros. El pelo largo pero bien cuidado y un bigote que lo hacen ver mediterráneo. Se viste como si todavía estuviésemos en los años 80s o 90s del siglo pasado. Camina a largos trancos, siempre solo, siempre meditabundo. No habla con nadie, o con casi nadie. Camina. Río arriba, río abajo; puente arriba, puente abajo.

Se circunscriben sus deambulaciones al centro viejo de la ciudad, el llamado Loop, y al barrio inmediatamente ubicado al norte, y llamado sin demasiada imaginación River North.

Es más fácil verlo en primavera, verano u otoño. Nadie sabe dónde pasa los inviernos.

Va y viene por todo el centro

Va y viene por todo el centro

Alguien me dijo: será un homeless. Pero siempre cambia de atuendo, y no carga consigo sus pertenencias. En algún lugar bajo techo dormirá.

Algún artículo que leí y cuyo origen ya he olvidado apuntaba a que era un alcohólico que deambula por la ciudad sin rumbo fijo. Se sabe que es muy difícil fotografiarlo, que huye de las cámaras, no da entrevistas, y que en algunos casos ha perseguido a quienes han querido fotografiarlo.

Por supuesto, no sé su nombre.

El Hombre que Camina se me ha vuelto un referente de la ciudad. Algo que espero ver para constatar que las cosas siguen ahí; como ver el río Chicago o el Lago Michigan o la Torre Sears y entonces saber que la realidad sigue existiendo.

De lejitos

De lejitos

Hace tiempo que quería escribir de él. Desde las alturas de mi oficina, en un piso séptimo, le había tomado unas fotos cuando lo vi pasear, una tarde del verano de 2013, desde mi ventana.

Pero desde entonces no lo había vuelto a ver. En primavera no apareció. Comencé a buscarlo por calles, plazas y esquinas. Me senté en las bancas de los parques a ver si de casualidad aparecían sus largos trancos, su melena, sus bigotes, su ropa de otra época, su vista clavada en el suelo.

Así pasó el verano. Temí lo peor. Si en efecto el Hombre que Camina era un homeless o simplemente un solitario personaje de la ciudad, ¿quién informaría sobre su muerte?

Pasó agosto y entró septiembre como un tren. El sábado anterior me di cita en un café del centro con algunos colegas. En plena charla, miré por la ventana y lo vi, como Ahab miró a su ballena. Me impresionó cómo su espalda parecía haberse doblado más. Cargaba una maleta y una bolsa de compra. Tomé una foto y un breve vídeo. El Hombre que Camina pasó junto a la ventana sin levantar la vista del suelo y siguió en su deambular rumbo al oeste.

Aparece de pronto, el Hombre que Camina

Aparece de pronto, el Hombre que Camina

Siento un alivio personal de haberlo visto de nuevo. No sólo por él sino también por mí. Habría perdido un importante punto de referencia si se hubiese pasado el año completo sin verlo. Ya sé que en el invierno no se cruzarán nuestros caminos, pero me queda la esperanza de renovar el rito la próxima primavera.

El Hombre que Camina y yo hemos ido recorriendo caminos paralelos, sin cruzar palabra, sin vernos a los ojos. Sus cabellos y los míos han ido encaneciendo al mismo tiempo. Chicago ha sido el paisaje que ha visto nuestro muto paseo. Lo veo pasar y sin conocer las causas de su melancolía, sin saber su historia, sumo sus pasos a los míos y camino por las calles a su lado, ambos de la mano del tiempo.

 

Acerca de gerardo1313

Escritor, periodista, comunicador y comentarista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, y el poemario En el pais del silencio (publicado en 2015 por Ediciones Oblicuas, Barcelona). Director editorial de la revista contratiempo (http://contratiempo.net)

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