you're reading...
Literatura, Uncategorized

Rinoplastia, un cuento ilustrado. cc: @vivianolala @Diaz_Monges

A Viviana Hinojosa y Miguel Ángel Díaz Monges

El origen de la historia es bien sencillo: un sueño absurdo, como suelen ser los sueños, que involucraba al gran escritor Miguel Ángel Díaz Monges, un café en Estambul, un fallido taller de teatro, algunos gramófonos y un pequeño rinoceronte.

Le conté el sueño a Díaz Monges y él sugirió el cuento: en la conversación entró la excelente ilustradora Viviana Hinojosa, y ella dio vida al pequeño y pertinaz rinoceronte.

El cuento participó en un concurso de relato ilustrado organizado por la revista Opticks en Barcelona. No ganó, pero quedó finalista. Lo demás, es cuento.

Lo comparto aquí, con la estupenda, fascinante ilustración creada por Viviana Hinojosa.

Rinoplastia

De las seis especies de rinocerontes –seis, a pesar de lo que diga Wikipedia—la de Anatolia resultó, sorprendentemente, la más tozuda y evasiva. Esto en parte explica por qué, mientras la zoología y los gobiernos se debatían por proteger la caza y extinción del negro, el blanco, el de la India, el de Java y el de Sumatra, el de Anatolia logró escapar a tanta atención y prosperar pese al reducido número de sus ejemplares, su tendencia al pesimismo, y sus dificultades para concebir derivadas en particular de una incurable timidez.

El rinoceronte de Anatolia, no mayor en tamaño adulto que un terrier, especialmente peludo debido a las inclemencias de la región, y totalmente negro (lo que dificultaba su localización) rara vez abandonaba los barrancos y cañadas turcos, asomando muy de vez en cuando en campo abierto cuando la calentura de machos y hembras vence al pesimismo. Los raros apareamientos, con un cortejo engorroso y desesperante que puede durar años (versiones imposibles de confirmar ubican cada cortejo en coincidencia con los mundiales de fútbol), a duras penas resultaban en gestaciones de crías únicas, negras, peludas y tristonas.

Es por esto que sorprende que se haya visto el otro día a un ejemplar deambulando por un café de Estambul. Cómo este pequeño, tímido y evasivo animal consiguió viajar ileso de las montañas de Capadocia hasta la ciudad, y cómo consiguió desaparecer sin dejar huella, presumiblemente para volver a su lugar de origen es algo que la ciencia ha debatido acaloradamente sin llegar a conclusión alguna.

Quienes no lo discutieron mucho fueron Monges y Cárdenas. Para ninguno de los dos, en realidad, resultó tema del menor interés saber cómo se desplazó la criatura hasta el café donde se habían dado cita. Aunque probablemente ambos hayan mostrado algo más de curiosidad en saber cómo escapó puesto que ambos autores habían expresado en voz alta su intención de convertir al animal en tacos de longaniza. Tampoco viene mucho al caso discutir qué hacían ambos caballeros en un café de Estambul, venidos ambos de tan lejos a pesar de que el café, a plena vista de la Torre Gálata, gozaba de una estupenda reputación literaria y de una interesante colección de gramófonos. Ambos han declarado que su intención era impartir un taller de dramaturgia a jóvenes en proceso de recuperación del islamismo, y fue así que armado Monges con libros de Calderón de la Barca, Molière y Beckett, y Cárdenas con ejemplares de Ionesco, Shakespeare y Miller (ambos habían acordado, previamente, dejar en paz a los clásicos griegos que en Turquía no gustan mucho), y habiendo solicitado sendos cafés turcos (Cárdenas tuvo la tentación de pedir un doble exprés avainillado con un chorrito de caramelo y esencias de almendra, pero Monges le pisó un callo y la cosa no pasó a mayores) y un narguile para compartir, los dos se ubicaron en cómodas tumbonas a esperar a sus alumnos.

Estos fueron llegando de dos en dos, y con expresión desconfiada. No ayudaba el aspecto de melancólico ensayista vasco de preguerra de Monges, ni el de despistado cuentista sefardita de Cárdenas. Ni siquiera cuando el primero se enfundó en la casaca del Madrid, y el segundo en la del Barça, disminuyeron los recelos de los alumnos que mayoritariamente eran del Besiktas. Pero entre discutir La vida es sueño y la sura 50 del Corán…

Tampoco queda claro cómo iban a impartir el taller ambos especialistas. Mucho menos, cómo iban a evaluar a sus alumnos. ¿Les encargarían escribir obras de teatro para calificarlas? ¿Montarían un concurso? ¿Llevarían a cambo una ronda relámpago de preguntas y respuestas?

Todo esto es irrelevante porque no bien había carraspeado Monges para aclararse la garganta, y Cárdenas acomodado los libros, por enésima vez, en forma piramidal, que sobre la mesa que hacía de centro de la discusión saltó el pequeño rinoceronte negro. La tertulia hizo un silencio inmediato, y con ella todo el café.

Meseros y comensales dudaban si la criatura era perro, gato o cerdo. Alguien comenzó a decir que se trataba de un tapir pero se detuvo ante la mirada airada de un muecín que se había colado en el café entre convocatorias a la oración. Monges miró con enojo a Cárdenas, sospechando que este quería utilizar elementos visuales para hablar del Rinoceronte de Ionesco, y le recordó en voz baja que habían acordado no traer utilería. Pero antes que el otro pudiera responder, el rinoceronte largó un pequeño berrido, se bebió media taza del café de Monges y soltó en mitad de la mesa una pequeña, redonda, olorosa y verde cagarruta.

Dos de los contertulios, en ese momento, abandonaron el local ofendidos, rezongando contra la arrogancia del Teatro del Absurdo y clamando por el estilo directo y cortante de Eugene O´Neill. Monges y Cárdenas miraron con angustia a los meseros; estos, a su vez, al dueño del local. Pero este último se hizo el desentendido, encendió su pipa y se perdió tras una cortina metálica. Nadie se acercó a la mesa; nadie reemplazó el café lleno de babas de rinoceronte ni limpió la mierda, que acumulaba ya algunas moscas. El rinoceronte, entretanto, en uno de sus frecuentes ataques de timidez, había caído en cuenta de la precariedad de su situación, e intentaba esconderse detrás del narguile.

Cárdenas tomó el Julio César de Shakespeare y sigilosamente se colocó tras la diminuta bestia. Pero en el preciso momento en que alzaba el volumen se desató un intenso debate teológico entre meseros y comensales. Estos alegaban que toda criatura rinde pleitesía a Dios, y que el profeta maldijo a quien cace animales por deporte; pero aquellos insistían en que el rinoceronte era un cerdo, y por tanto impuro, y debería echársele sin mayor contemplación del café. Sólo pudieron coincidir en que no hay más Dios que Allah y que Mahoma es su profeta.

En mitad del debate, que los autores contemplaron sin ganas de abrir la boca, el rinoceronte volvió al centro de la mesa y sin mayor dilación procedió a masticar páginas del Tartufo de Molière. A esto, Cárdenas reaccionó con expresión de ira pero Monges lo tranquilizó recordándole que a final de cuentas se trataba de una mala traducción. El rinoceronte depositó entonces una segunda cagarruta, esta vez a los pies de otro tertuliano, que prefirió desmayarse a abandonar el local.

Fue necesaria la intervención del muecín. Éste examinó con cuidado al animal, que se dejó cargar y acariciar, mientras el muecín le cantaba al oído algunos versos de la sura 22 — de hecho la convulsión de la hora final será terrible –. Pero luego de algunos minutos, y mientras el resto de los contertulios abandonaba el café, mesándose las barbas y sacudiendo la cabeza (aunque en realidad a algunos se les hacía tarde para el Besiktas – Real Sociedad de la Europa League), el muecín se dio por vencido. Depositó al animal en el suelo, declaró que si bien no era un cerdo tampoco era clara su naturaleza, indicó que aún Mahoma en su inmensa sabiduría –alabada sea la sombra que le proporcionan las palmeras del desierto—no describió a tan rara criatura pero que siendo bicho de la creación merecía el respeto de los hombres aún si era imposible determinar de qué lado de las leyes dietéticas caería, o si sabría mejor con hojas de tomillo o romero.

Se despidió el muecín rumbo a su minarete, los comensales pagaron silenciosamente sus cuentas, la tertulia se desmoronó y el dueño del café y los meseros comenzaron a poner las sillas sobre las mesas y a barrer el suelo. El rinoceronte escogió ese momento para depositar una pequeña pila de mierda equidistante de los zapatos de los dos autores, restregarse como un gato en los pantalones –primero de Cárdenas, luego de Monges—y desaparecer tan misteriosamente como había llegado.

Los autores recogieron sus libros, pagaron la cuenta, y salieron del café. Antes de cerrarse la puerta, y en el instante en que el muecín llamaba a la oración, se escuchó el murmullo de Monges a su colega: –esto no pasa en cafés de la Del Valle y además tienen mejores mingitorios.

 

Viviana Hinojosa

Viviana Hinojosa

Anuncios

Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

Comentarios

Un comentario en “Rinoplastia, un cuento ilustrado. cc: @vivianolala @Diaz_Monges

  1. ¡Chale!, no invitaron al café… Por eso tuve que ir disfrazado de anatólico ser.

    Publicado por Emilio Mendoza | febrero 20, 2015, 2:38 PM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Archivos

Enter your email address to subscribe to this blog and receive notifications of new posts by email.

Únete a otros 654 seguidores

Gerry’s Tweets

febrero 2015
L M X J V S D
« Ene   Mar »
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728  

Share This Blog

Bookmark and Share
A %d blogueros les gusta esto: