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Mexico

30 años: la ciudad rota

Con los años se confunden y amontonan los recuerdos. Recuerdo claramente dos cosas: que la noche previa al terremoto del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México, había yo grabado, en el televisor de la oficina y en una videocinta, Nosferatu de Herzog para disfrutarla después en alguna noche de guardia. Cosa que luego ya no sucedería; y que tras el despertar violento a las 7:19 de la mañana corrí a la habitación de mi abuela para protegerla de lo que, pensaba yo, era la casa que se nos venía encima.

Crujían las paredes, la escalera. Crujían las calles. Oía gritos de las personas. Salí a mi balcón, cuando el mundo dejó de cimbrarse, y vi que un edificio que debía estar ahí, en la esquina de San Antonio Abad, ya no estaba. Era uno de los edificios donde decenas de costureras trabajaban a todas horas maquilando ropa.

El edificio de las costureras, en San Antonio Abad, a la vuelta de la casa donde crecí.

El edificio de las costureras, en San Antonio Abad, a la vuelta de la casa donde crecí.

Tardé minutos en entender eso: había edificios que debían estar ahí, y ya no estaban. Un aire extraño circulaba por las calles. Corrí al teléfono a llamar a noticieros (trabajaba yo en ese entonces, con mis 23 años, en la redacción de 24 Horas) y decirles de los edificios derrumbados en mi zona. Y no había línea. No la hubo por días.

No me quedó más remedio que caminar, las 10 cuadras que distaban entre mi casa y el edificio de Noticieros de Televisa. Eso implicaba atravesar las colonias Obrera y Doctores, para llegar a Avenida Chapultepec. Y en esas 10 cuadras vi la destrucción, oí los gritos, vi muertos y heridos.

Tomaba notas en una libreta. Luego perdí la libreta. Imposible recordar dónde. Llegué a la esquina donde debía estar el edificio donde trabajaba. Ya no estaba. Algunos compañeros habían llegado también. Mirábamos, mudos.

En avenida Chapultepec, tras la marquesina, el edificio de noticieros, derrumbado.

En avenida Chapultepec, tras la marquesina, el edificio de noticieros, derrumbado.

Poco a poco llegaban rumores o noticias de lo ocurrido: el Hotel Regis, Centro Médico, el edificio Nuevo León. La colonia Roma. De la Obrera y Doctores ya sabía yo.

Aturdimiento. Seguido de angustia. Tardé días en volver a casa. No recuerdo cómo me enteré que todos los de noticieros debíamos irnos a los estudios de Televisa en San Ángel y desde ahí reamar, de cero, la cobertura informativa. Zabludovsky transmitía desde su auto. Lo vi en un momento pero no puedo recordar si fue ahí, en Avenida Chapultepec, o al otro lado de la ciudad. No recuerdo cómo llegué a San Ángel.

El día fue largo, la noche interminable. Tratábamos de organizar las noticias por temas: derrumbes, operaciones de rescate, búsqueda de cuerpos. Nada tenía sentido. Cada hora o dos marcaba el número de casa pero no había línea.

Destrucción generalizada.

Destrucción generalizada.

Dormí en casa de un amigo. La noche tenía un manto naranja, nunca supe por qué. No paraban de sonar las sirenas de las ambulancias. Todos teníamos miedo, nadie hablaba mucho. En muchas casas no había luz. Usábamos velas. Tal vez por eso el cielo era naranja. Y la ciudad comenzó a oler a muerto, y ese olor se me quedó en la garganta por días.

Hace 30 años la ciudad que conocí, en la que crecí, cambió para siempre. Podría hablar de cómo se organizó la gente, como se unió para rescatar, reconstruir, informarse, actuar. Podría hablar de la inoperancia del gobierno municipal y del federal. Podría hablar de la corrupción que provocó que tantos edificios se derrumbaran, debido a que estaban construidos con materiales de pésima calidad. Podría hablar del nacimiento de una nueva ciudad.

Pero sólo puedo hablar del aturdimiento, del cielo naranja, del olor, de los pasos confundidos de aquel muchacho de 23 años que recorrió escenas que se le grabaron para siempre, una mañana de septiembre.

El Hotel Regis, derrumbado.

El Hotel Regis, derrumbado.

 

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Acerca de gerardo1313

Escritor y periodista mexicano. Reside en Chicago. Autor del libro de relatos A veces llovia en Chicago (Ediciones Vocesueltas/Libros Magenta, 2011, ganador del Premio Interamericano Carlos Montemayor 2013), la obra de teatro Blind Spot (Ganadora del Primer Premio Hispano de Dramaturgia de Chicago, 2014, y del Premio Nacional Repertorio Español, 2016, publicada por Literal Publishers en la coleccion (dis) locados, los poemarios En el pais del silencio (2015, Ediciones Oblicuas; y Silencio del tiempo, 2016, Abismos editorial) y la antología Diáspora: Narrativa breve en español de los Estados Unidos, de la que es coordinador y que fue publicada por Vaso Roto Editores en 2017. Ex director editorial de la revista contratiempo.

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